Cristina y Massa, en un juego de poder

La pretensión de establecer la doble indemnización para evitar los despidos y la decisión de Mauricio Macri de evitarlo con un veto han abierto un debate en el que se cruzan varias contradicciones. La más evidente se refiere a los efectos de la regulación del Estado en el mercado laboral, lo que cobija otro problema: el grado de competitividad que debe adquirir la economía. Pero también está en tela de juicio la consistencia del liderazgo de Macri. Y la interna peronista, organizada en torno a una cuestión que para esa fuerza es constitutiva: el trabajo. Sobre esa controversia se recorta otro fenómeno: el lugar que ocupan Cristina Kirchner y Sergio Massa en el juego de poder. La insinúa una incógnita mayor: ¿hasta dónde está dispuesto a avanzar Macri con su liberalización económica?

Una de las dimensiones del conflicto refiere a la autoridad presidencial. Macri se negó a montar lo que su ministro Jorge Triaca denominó un "cepo al empleo". La comparación es adecuada. Así como el cepo cambiario quiso evitar la salida de dólares, pero terminó impidiendo su ingreso, el cepo laboral será más eficiente en bloquear la creación de nuevos puestos de trabajo que en proteger los que ya existen. No se necesita ser un genio de la economía para advertir que es una falsa solución. Hasta Cristina Kirchner se dio cuenta en 2010, cuando la rechazó ante los sindicalistas.

Al prometer un veto, Macri emitió una señal clarísima: no está dispuesto a negociar las condiciones que, según él, son indispensables para promover la inversión. De modo que en esta materia no apareció el Macri new age que se ufana de corregir los errores que comete. Aquí existiría una certeza, sobre la cual el Presidente quiere discutir el futuro de la economía.

Macri fijó este criterio económico desde una posición de debilidad. Estaba en desventaja en medio de una batalla relevante. La izquierda, y en especial el kirchnerismo, había comenzado a dominar la interpretación de lo que está sucediendo. La exoneración de miles de ñoquis de última hora designados por la administración anterior fue presentada como una ola de despidos en el sector privado. El pico de desempleo desataría una convulsión social. Cuando la legión de expertos en comunicación del Gobierno lo advirtió, el malentendido ya se había consolidado.

Los datos describen, sin embargo, otra escena. Triaca consignó ayer en Diputados que los procedimientos de crisis a los que acuden las empresas, que en 2002 habían sido 1016, en la...

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