Crisis en Brasil: Argentina decime qué se siente

 
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Javier Aparicio, operario de Volkswagen de 44 años, tiene un hijo, es inquilino y está pagando en cuotas su auto y algunas compras con tarjeta de crédito. El miércoles pasado le llegó el recibo tan temido, el del sueldo de la primera quincena de abril, con una rebaja de casi un 25%. Ante la crisis de Brasil, destino de la mitad de la producción argentina de autos, la compañía alemana había anticipado el posible despido de 1200 trabajadores por el cierre del turno noche de la planta de Pacheco, pero finalmente negoció suspensiones rotativas de los 4000 empleados que allí trabajan, por lo que acaban cobrando menos salario con una inflación creciente.

"Vivo con lo justo", cuenta Aparicio, y enseguida agrega: "Sólo gasto en comida y trato de saldar las cuentas de la tarjeta. Antes compraba un electrodoméstico, hacía alguna salida o hacíamos un asado los viernes con los compañeros de trabajo. Ahora la situación es distinta".

Uno de sus compañeros, que llegó a cartonear durante la crisis de 2001, le comentó preocupado que el colectivo que lo lleva a la fábrica va más vacío que antes. Es que Pacheco es uno de los polos de una industria automotriz argentina, que el año pasado produjo un 12% menos y que en el primer trimestre de 2016 se redujo otro 18%, sobre todo por la caída de un Brasil sumido en una fuerte crisis económica y política.

"El problema es que los brasileños gerencian las filiales Mercosur de las automotrices y nos quieren desplazar a las autopartistas, pero la boxeamos y hasta ahora no nos perjudicaron", dice Héctor Méndez, ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), que en 2015 compró dos plantas de cables y radios para autos en San Juan y Tierra del Fuego. "Es bravo, porque ellos ponen toda la carne en el fuego, pero nosotros les ganamos por eficiencia y algo de suerte. Pero hace pocos días se nos cayó una operación, porque querían cambiar por una radio más barata. Los fabricantes de autos no tienen esa misericordia", añade.

En el socio mayor del Mercosur se acumulan varios factores para explicar que la economía se haya contraído 3,8% en 2015 y que vaya a caerse otro 3,5% en 2016, según el consenso de bancos y consultoras revelado por la firma FocusEconomics. Por un lado está el polémico proceso en marcha para destituir a la presidenta Dilma Rousseff por presunta manipulación de las cuentas públicas, que se añade a escándalos de corrupción que afectan por igual a oficialistas y opositores.

Por el otro, las políticas fiscales y monetarias de ajuste que están aplicando las autoridades en tiempos de bajos precios de las materias primas y salida de capitales de los mercados emergentes han retroalimentado la recesión. El drama tiene su costado...

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