El crimen organizado y la crisis de la justicia mexicana, a través de un caso resonante

Autor:Carlos A. Elbert
 
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El crimen organizado y la crisis de la justicia mexicana,
a través de un caso resonante*
Por Carlos A. Elbert
1. Introducción
Considero indispensables algunas aclaraciones previas al trabajo que abordaré
de inmediato. Confieso que la misión de escribir este ensayo es un serio desafío, ya
que, si la óptica de quienes tuvieron inmediación a los hechos pudo estar distorsio-
nada o controvertida, mayores pueden resultar las deformaciones de un observador
lejano al sentir profundo de la sociedad mexicana. Es preciso, entonces, que delimi-
te, lo más claramente posible, mi postura como analista, a fin de no generar ideas
equívocas en los lectores.
Tengo a mi favor haber vivido largamente fuera de mi propio país, Argentina.
Residí siete años consecutivos en Alemania y ello me permitió adaptarme al
desarraigo y a contemplar la realidad latinoamericana desde lejos. Puedo garantizar
que las cosas se ven mucho más matizadas, respecto a quienes están en casa per-
manentemente. Quiero ejemplificarlo con un caso paradigmático, cual fue el de la
guerra de las Malvinas, en 1982, que dividió momentáneamente a los argentinos
entre quienes pensaban sólo en la defensa de los intereses patrióticos y los que in-
terpretábamos la locura insensata de una dictadura militar, procurando perpetuarse,
asumiendo banderas centenarias de reivindicación territorial. Al caer la dictadura,
millones de argentinos que vivieron los acontecimientos dentro del país, pudieron
comprobar que, tal como sosteníamos los desterrados desde la distancia, los habían
embaucado. Esto significa que, muchas veces, la perspectiva permite ver el bosque,
y no sólo el árbol.
Al regreso de Europa decidí profundizar mi identidad latinoamericana y he teni-
do la fortuna de haber viajado por toda América Central, el Caribe y buena parte de
América del Sur. También pude recorrer parte de México y procuro leer cuanta in-
formación obtengo sobre su historia, abrumadora de fastuoso desarrollo cultural pre-
colombino. Nuestra Argentina “empieza” con la llegada de los españoles; México, en
cambio, es una de las raíces profundas de la cultura latinoamericana y en ella de-
bemos abrevar quienes “no tenemos historia” o tenemos muy poca.
Las apreciaciones precedentes no son un desarrollo biográfico, sino testimonio
de la admiración que siento por México, rayana en la envidia cultural. Envidia por su
folklore, su música, sus escritores, las lenguas y tradiciones de sus diversas razas, lo
que expresan Uxmal, Chichen Itzá, Palenque, Monte Albán, El Tajín, Teotihuacán,
etc., más todo lo que aún yace bajo el territorio, sin dinero que alcance para restau-
rar tanta riqueza. En México, el pasado sigue brotando día a día, desde las entrañas
de la tierra. Y qué decir de su historia moderna, que arranca en la fabulosa Revolu-
* Extraído del artículo publicado en la revista electrónica “Archivos de Criminología, Criminalís-
tica y Seguridad Privada”, vol. I, agosto - diciembre, México, 2008, editada por la Sociedad Mexicana
de Criminología Capítulo Nuevo León A.C. (www.somecrimnl.es.tl). Bibliografía recomendada.
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ción, híbrido increíble de conquistas burguesas del siglo XVIII y sociales de inicios
del XX.
Pareciera que nada de lo que acontece en México será sencillo ni anecdótico.
Su pueblo estalla como sus volcanes, cuando menos se piensa. Y sigue producien-
do fenómenos insólitos, como el Zapatismo de fines siglo XX, que en cualquier otro
país latinoamericano ya habría sido bombardeado con napalm, o le habrían aplicado
métodos de limpieza étnica como los del guatemalteco Ríos Montt.
Con lo que llevo dicho (y es poco, en referencia a lo que quisiera expresar),
afirmo entonces, que mi respeto por México es inmenso; ahora bien, sé que el pue-
blo mexicano es profundamente patriota, nacionalista y susceptible ante la crítica a
lo suyo. Las pasiones entre bandos enfrentados no suelen ser aquí de baja intensi-
dad, porque los temperamentos ancestrales autóctonos e hispánicos tienen fuerza
suficiente como para provocar las erupciones a que hice referencia.
Quiero dejar aclarado, en suma, que ninguna de las apreciaciones críticas de
este trabajo, implican un menosprecio, un intento de caricaturizar o subestimar los
acontecimientos o las personas que estuvieron involucradas en los hechos de Gua-
dalajara en 1993 o en su investigación. Mucho menos, la de formular acusaciones
concretas contra funcionarios o entrometerme en la realidad política mexicana. No
he recibido directivas de nadie ni retribuyo favores, amistades o fidelidades ideológi-
cas. Mi opinión será la de un juez con treinta años de experiencia profesional, pero
mucho más la de un profesor universitario, criminólogo, que no puede eludir el análi-
sis social, en referencia a cualquier país del mundo, empezando por el propio. Se
tratará, en suma, de una opinión crítica y libre, de base científica, procedente del
mundo académico.
Asumo que, para interpretar los acontecimientos que convocan a este ensayo
tomé en cuenta –esencialmente– dos libros del ex procurador Carpizo1 y las infor-
maciones de prensa internacionales, por medio de las cuales, en su momento, tuve
acceso al caso. Lamento no haber podido profundizar en los documentos originales
y en las publicaciones de quienes no concuerdan con las tesis del doctor Carpizo,
como las de muchos otros que, por su parte, han coincidido con él. Supongo que
esa sería tarea para algunos años de investigación y, lamentablemente, no tengo la
posibilidad material de destinar semejante esfuerzo al público mexicano.
Confieso, desde el inicio, ser consciente de que mis apreciaciones pueden re-
sultar parciales o incompletas, por el límite de mis fuentes informativas. En mi favor,
puede apuntarse que varias de las importantes personalidades mexicanas que deba-
tieron públicamente –durante una década– la explicación del asesinato de Posadas,
admitieron no conocer ni mínimamente la documentación original. Ello me anima a
arriesgar una interpretación de los hechos, bien que asumiendo esas limitaciones
iniciales.
Creo que el caso Posadas tiene magnitud suficiente como para discutirlo con la
más amplia libertad de opinión, nacional e internacional. Mis puntos de vista serán,
apenas, un grano de arena, tal vez diferente, en la voluminosa duna de opiniones
1 Carpizo, Jorge - Andrade, Julián, Asesinato de un Cardenal, México, Nuevo Siglo, Aguilar,
2002 y Carpizo, Jorge, El expediente Posadas a través de la lupa jurídica, UNAM, 2003.

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