Correa decidió extender tres días el estado de excepción

 
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QUITO.- La gente los mira con desconfianza. A ellos, con sus uniformes verde oliva y chalecos fluorescentes, se los ve cabizbajos, casi como con vergüenza. Los policías ecuatorianos debían retomar el control de la seguridad de este país ayer, pero el presidente Rafael Correa extendió tres días más el estado de excepción decretado luego de la sublevación policial que puso en riesgo su vida, por lo que deberán seguir compartiendo la calle con las fuerzas armadas."Se ratifica la movilización nacional y militar de las fuerzas armadas para garantizar la soberanía nacional, el orden interno en toda la república", dice el decreto ejecutivo firmado por Correa."Chapas vendepatrias", decía una pintada en las inmediaciones del Regimiento 1° de Quito. Para un policía, no hay nada peor que le digan "chapa", término despectivo de origen quechua que significa vigilante. Y es que algo parece haberse roto entre los policías y los ciudadanos. Si antes del "chapazo", como algunos llaman aquí a la asonada del jueves pasado, ya era cuestionada, ahora la policía nacional es la mala de la película.Con una fuerza de 42.000 hombres, la policía conforma un pequeño ejército, motivo por el cual el gobierno por estos días analiza con cautela las medidas por tomar. El futuro de un cuerpo clave para la seguridad del país se ha convertido en un debate central de la sociedad ecuatoriana.Por su "ineficiencia" y su "corrupción", la policía es la institución con menos credibilidad de Ecuador. "A los policías nunca se los respetó. No son como los Carabineros en Chile, a quienes todos les tienen miedo", comentó un transeúnte que vagaba por la avenida 6 de Diciembre, una de las principales de esta ciudad.El gobierno anunció ayer un aumento salarial a cuatro rangos de las fuerzas armadas y de la policía, una iniciativa que para algunos fue más un premio para los militares, que orquestaron el rescate de Correa del hospital policial, que un consuelo para los policías.Investigación a fondoLa policía, sin embargo, sabe que éste no es el punto final. Correa anunció que investigará hasta las últimas consecuencias y que no habrá "olvido ni perdón". Ayer, la fiscalía acudió al hospital en el que Correa denunció haber estado "secuestrado" durante nueve horas para intentar reconstruir el operativo en que fue rescatado el mandatario, en el que hubo un intenso tiroteo entre policías y militares, dos fuerzas que siempre se miraron con recelo. Además, se difundieron una serie de grabaciones de radio de la...

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