El control de los precios, entre los desafíos más urgentes del Presidente

 
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El Gobierno se siente cómodo con la nueva meta de inflación del 15 por ciento fijada para este año y cree que los grandes sindicatos no negociarán acuerdos paritarios muy por encima de esa cifra.

Los funcionarios del equipo económico entienden que la meta anterior, del 10%, no era creíble ni para los sindicatos ni para los empresarios, por lo que no resultaba una referencia útil para las negociaciones salariales.

Ahora sostienen que este nuevo objetivo del 15% está más cerca de la realidad, aunque las consultoras privadas entienden que la suba de los precios estará más cerca del 18-20% anual.

Pero si, como pretende el Gobierno, el Banco Central empieza desde hoy a bajar las tasas de interés -aunque en el propio equipo económico admiten que el margen para hacerlo es reducido, dada la inflación esperada-, ese movimiento se traducirá en una mayor devaluación.

Esa devaluación es deseada por las autoridades económicas porque es clave para que las exportaciones y las inversiones crezcan, pero, a la vez, contiene un riesgo de traslado a los precios.

Para asegurarse de que los gremios no pidan un aumento superior al 16% (es decir que el Gobierno estima que habrá este año una recuperación real del 1% en el salario), la tarea más importante del equipo económico es que no haya un traspaso de la devaluación a los precios minoristas.

La tarea no parece sencilla, pero el Gobierno cree que, luego del fuerte salto inflacionario de fines de 2015, cuando levantó el cepo cambiario, la devaluación posterior no hizo subir demasiado la inflación.

En este juego de expectativas los próximos datos serán muy importantes: ya se sabe que la inflación de diciembre -que se conocerá pasado mañana- se ubicó en torno del 3% (de los cuales 1,7 puntos los aportó la suba de las tarifas) y prenden las velas para que la de enero, sin aumentos...

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