Constitución y transformación institucional y social

Autor:Julio Maier
Páginas:245-251
 
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REDEA. DERECHOS EN ACCIÓN | Año 2 Nº 3 | Otoño 2017
pág. 245
SECCIÓN ESPECIAL HOMENAJE A ARTURO SAMPAY |
Constitución y transformación institucional y social
Por Julio Maier
I Es normal que la teoría constitucional ligue la reforma constitucional a la transfor-
mación social, económica y política de la organización social que preside la Consti-
tución de un país, incluidas allí sus relaciones externas. No sólo es normal ese vínculo
sino que, antes bien, se trata de una consecuencia lógica de la reforma constitucional
que, para transformar ciertos aspectos de la vida de un país, de una nación, necesita
cambiar sus instituciones, sus postulados básicos.
Sin embargo, advierto que , en la América luso hispánica, ello, pese a la fuerza deductiva
de la armación, no se acerca o no se ha acercado siempre a la verdad. Existen en nuestra
América ejemplos múltiples —diría: más ejemplos que contraejemplos— de países en
los cuales la vigencia de su principal instrumento jurídico, su Constitución, dura menos
que sus códigos principales. Estos últimos deducidos de los postulados de aquella, pero
aún más estables, a pesar de la forma rígida que poseen las constituciones americanas,
en general, para su reforma o renovación.
En ese sentido, nuestro país es una extraña excepción, pues todavía conserva su Consti-
tución originaria (1853/1860), que sólo ha sido reformada en escasas oportunidades. La
última de ellas en 1994 (con mayor extensión que sus predecesoras si se deja de lado la
reforma de 1949) de corta vigencia temporal, aún cuando representó la sanción de una
nueva Ley fundamental según su contenido. Esta reforma total es otra excepción, pues
dejando de lado un juicio de valor sobre ella, fue derogada por un decreto presidencial
de un gobierno surgido de un golpe de Estado—intervención militar— que citó una
nueva convención constituyente, con exclusión de un partido político. Esta convención
(con una única excepción normativa) repuso el texto de 1853/60.
Existen también en nuestro continente, además, algunos ejemplos de variaciones cons-
titucionales de efectos negativos, en el sentido de que no lograron aquel propósito
transformador que impuso esas reformas o esas nuevas asambleas constituyentes. Basta
observar a Brasil como ejemplo de un proceso constitucional con propósitos e ideas
claramente transformadoras, democráticas, que condujeron a una constitución que lla-
maría “ómnibus, de excesivo contenido normativo, que pretendió regular mucho más
que aquello que regularmente corresponde a una carta magna.
Sin embargo, esta constitución condujo a la vida política inspirada en ella y formalmente
obediente a un golpe de Estado no violento pero real, sin fundamento en la fuerza de
las armas, que suplantó un gobierno de mayorías no sólo por uno de minorías (esto es,
opuesto a la idea democrática de su Constitución) sino que, incluso, sirvió para trans-
formar regresivamente la vida económica, social, política y de relación con sus pares.
Casi nada parece salvarse (en la idea del gobierno instituido bajo las formas de la consti-
tución renovada pero concebido como golpe de Estado) de los derechos ciudadanos ga-
nados durante algo más que la última década. La tarea de aproximación al ideal de la igual-
dad, la fraternidad y la libertad no sólo fue interrumpida, sino que retrocede día a día.

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