¿Congreso o guarida?

 
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Poniendo o sacando una coma, Les Luthiers nos han hecho desternillar de risa, al cambiarle por completo el sentido a una frase. En torno a la funcionalidad de una coma dispuesta en el texto del artículo 66 de la Constitución Nacional discutieron el jueves los diputados si echaban o no del Congreso a . No lograron ponerse de acuerdo y fueron mayoría los que lo quisieron apartar, aunque no alcanzó, porque les faltaron veinte votos para los dos tercios necesarios.

La maratónica sesión en la que una mayoría no suficiente de legisladores trató de eyectar del Congreso a Julio De Vido tuvo, como nunca, connotaciones mediáticas previsibles y sorprendentes.

Entre las primeras hay que consignar, una vez más, la vocación inversamente proporcional de la izquierda a la cantidad de votos que suele cosechar en las urnas, por hacerse notar mucho más allá de su escasa representación. Con su inesperada postura de avalar la continuidad como diputado del ministro más controvertido de Néstor y Cristina Kirchner, sus legisladores lograron ser invitados como nunca a los programas políticos. También, tras sus alegatos parlamentarios, estaban prestos a subirlos de inmediato a sus cuentas de Facebook.

Las posiciones enfrentadas en el recinto no impidieron, sin embargo, que las distintas cabezas de los bloques lograran ponerse de acuerdo para achicar la lista de oradores no sólo para evitar que los discursos se extendieran durante la madrugada, sino para que la crucial votación cayera en el horario nocturno en el que más gente estaba frente al televisor.

Pero también hubo varias situaciones curiosas e inesperadas, como que sólo se registró un único discurso que defendió la gestión del acusado: el del propio De Vido, que estuvo presente en la Cámara en ese momento y a la hora de la votación. Hizo bien en levantarse e irse en cuanto habló ya que a continuación tomó la palabra Elisa Carrió, que recordó que lo denunció por primera vez en octubre de 2003 porque a su juicio "empezaba la matriz de saqueo de la Nación". Terminó pidiendo su exclusión por "infame traidor a la patria".

En cambio, el que poco se movió de su banca, con una semisonrisa dibujada en su cara y bastante incomodidad, fue Máximo Kirchner, que no hizo uso de la palabra, en una estrategia común con su madre que respetan a rajatabla: no contaminar a Unión Ciudadana de tan feos recuerdos.

El resto de los compañeros de De Vido, y sus aliados de ocasión, apenas se refirieron a cuestiones reglamentarias...

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