El concepto de pena, ¿un aspecto incontrovertido en su teoría?

Autor:Gabriel Rodríguez Pérez de Agreda
 
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Rodríguez Pérez de Agreda, El concepto de pena, ¿un aspecto incontrovertido
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El concepto de pena,
¿un aspecto incontrovertido en su teoría?*
Por Gabriel Rodríguez Pérez de Agreda
1. Introducción
Bajo el término general “teoría de la pena” la dogmática penal engloba y debate
tradicionalmente tres cuestiones relacionadas con la pena: su concepto, su fin y su
justificación, pero de ellos, el más controvertido es, sin duda, el tema de los fines de
la pena a tal punto que llevó a la escisión de los tratadistas en diferentes tendencias
(retribución vs. prevención; prevención general vs. prevención especial; prevención
general negativa vs. prevención general positiva, etc.) sin que alguno de ellos pueda
erigirse con argumentos suficientes que deje zanjado de una vez y por todas los en-
conados debates.
Por otra parte, ninguno alcanza su verificación o comprobación en la práctica
social en razón de que, por ejemplo, la concepción retributiva se contrapone a la na-
turaleza misma del hombre como ser social: actuar siempre con arreglo a fines u
objetivos útiles a sí mismo (lo cual no significa que siempre “en la práctica los resul-
tados sean útiles”, pero todo actuar humano parte de una necesidad a solucionar en
consecuencia ese “resultado previsto en la cabeza del hombre es un resultado útil”
lo que no siempre esa necesidad coincide con la necesidad del desarrollo social de
la humanidad en sentido general).
Es imposible que exista una sola institución creada por el hombre que no res-
ponda a un fin determinado, fundado por sus propias necesidades o que tenga como
único y simple propósito producir un mal por el mero hecho de que exista un mal
precedente; la concepción preventiva por su parte, en su versión preventivo-especial,
buscando la resocialización del transgresor entró en descrédito frente a la desociali-
zación que generan la gran mayoría de las cárceles hacinadas y su versión preventi-
vo-general, que propone aumentar la pena ante el incremento del delito, en la prácti-
ca han acarreado más problemas de saturación del sistema penal que el desaliento
a la transgresión penal.
Soy de la opinión que el origen de tales controversias abstractas y errores prác-
ticos con la pena obedece, entre otras razones, a una conformación errada del con-
cepto de pena, en no tener una idea clara o terminada de ¿qué es la pena en sí? El
hombre únicamente puede dominar la realidad que le rodea y hacerla actuar con
arreglo a sus necesidades cuando tiene una idea (un concepto que es la forma en
que se refleja esa realidad en la conciencia) lo más exacta posible de la esencia de
esa realidad; si no sabemos o tenemos una idea tergiversada de un objeto o fenó-
meno de la realidad no seremos libres de hacerlos actuar con arreglo a nuestras ne-
cesidades; nuestro desconocimiento nos hace esclavos de esa realidad que se im-
* Extraído del artículo publicado en la revista electrónica “Archivos de Criminología, Criminalís-
tica y Seguridad Privada”, México, editada por la Sociedad Mexicana de Criminología Capítulo Nuevo
León A.C. (www.somecrimnl.es.tl). Bibliografía recomendada.
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pone con arreglo a sus leyes; como advirtió Kopnin, “El hombre necesita conocer las
leyes de la naturaleza y de la sociedad para que su actividad práctica sea eficiente...
El conocimiento de la ley, de la esencia de los fenómenos se manifiesta en forma de
conceptos”. La realidad existe o se refleja en la conciencia en forma de concepto,
con lo cual un concepto no es algo intrascendente, sino, por el contrario, la base
misma de la libertad del hombre frente al “ser”.
Por esas razones, elegimos el concepto de pena como el objeto de nuestro
análisis. Sabemos que un estudio que pretenda abarcar toda la problemática que
engloba este “pacífico” tema nos obligaría a comenzar por una concienzuda mirada
al concepto en sí, a su papel en las ciencias, a su conformación, a su naturaleza par-
ticular (ciencias naturales o ciencias sociales), etc., pero una empresa tal rebasa las
propuestas de un artículo, no obstante, en aras de la claridad en lo que abordamos,
haremos giros puntuales al problema de los conceptos en sí.
2. El concepto
Partimos por entender, primero, que los conceptos son el fruto y reflejos de un
devenir histórico concreto y, en consecuencia, para comprenderlos en toda su pro-
fundidad deben ser expuestos en este acontecer; segundo, que cuando atienden
aspectos generales del ser social (como es la pena), se nutren o conforman a partir
de la interpretación de la experiencia en la práctica social y no de referentes empíri-
cos como erróneamente pretende la concepción positivista de la sociedad; tercero,
que lo social es un fenómeno complejo o un todo, en consecuencia, se ha de viajar
en el pensamiento abstracto desde la determinación de cada una de sus partes a la
totalidad concreta pensada (al modo de Hegel y Marx) y de ésta a la realidad cono-
cida, teniendo en cuenta que ese ser social sólo existe dividido en un momento del
pensamiento abstracto pero, en la realidad, lo que existe es el todo o la totalidad y,
por último, que un concepto vale sólo en la medida que se refrende o compruebe en
la actividad práctica social, un concepto que no se valide allí es meramente una es-
peculación sin sentido alguno, pues todo cuanto definimos tiene como propósito do-
minar la realidad y ello sólo es posible en la actividad, en la práctica.
El análisis de nuestro concepto (en el devenir histórico) vamos a hacerlo desde
la aparición del capitalismo para acá; la elección del período histórico obedece a dos
razones fundamentales; primera, es cierto que con anterioridad a esta etapa hubo un
indiscutible desarrollo del pensamiento –sobre todo en el mundo greco-latino–, pero
ese saber era ingenuo por razones puramente objetivas: la sociedad, como objeto
del conocimiento, enmarañada en una madeja de contradicciones propias del mo-
mento histórico, le impedía a los estudiosos llegar a la esencia de sus fenómenos;
no es hasta la llegada del capitalismo en que, simplificada, revela de una manera
más clara los nexos que rigen su desarrollo, segunda, si bien fue cierto ese desarro-
llo del pensamiento en el mundo antiguo, con el advenimiento del feudalismo, el co-
nocimiento se sumergió en la escolástica lastrada por la fe divina y absolutamente
contraria a revelar la esencia de los fenómenos sociales –no sólo desapareció la ne-
cesidad de conocer esa esencia, sino que había una fervientemente oposición a
ello–, con el advenimiento del capitalismo estas condiciones cambian, se imponen
entonces la férrea e imperiosa necesidad de revelar la esencia de los fenómenos

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