Compadrito, malevo y original

 
EXTRACTO GRATUITO

Melingo sigue en la misma. Y eso es mucho decir. Es un artista que cuando nadie se lo esperaba mudó a su traje de tanguero reventado, en los márgenes, obnubilado por el lunfardo, reencontrándose con el verdadero código de su ADN artístico, para dibujar una de sus criaturas artísticas más invencibles. Como un compadrito malevo y original, un Tom Waits criollo, como le gustó definir a la prensa rockera, el ex safonista de Los Abuelos de la Nada y Los Twist, le encontró el humor al tango y se metió en las tripas del género sin pedir permiso.Melingo fue uno de los pioneros en esto de los tangos "nuevos" con la edición de sus Tangos bajos en 1998, es decir, obras musicalizadas con primitivismo encantador al estilo de la guardia vieja, toques negros, aguafuertes poéticas y hermandad con aquellos poetas de la roña arrabalera perdidos en el olvido, como Dante Linyera, Julián Centeya o el superviviente Luis Alposta. De algún modo Melingo sigue en esa misma línea, en un elegíaco tributo a las zonas más pesadas y ocuras del género, sonando clásico y moderno, con un tango que apela a la locura, el olvido, el malevaje, la gayola y hasta cierta fábula onírica.En ese territorio del tango, Melingo se siente amo y señor, constructor de una estética y un personaje entre Boris Karloff y Ed Wood, que se regodea en cierto rictus, en cierta ternura y en cierta acidez tanguera, pero que siempre suena absolutamente auténtico y real. En Corazón y hueso , Melingo se pasea por esos paisajes brumosos y criollos de...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA