La coima y el bidet

 
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"Que no hablen, que no canten" - De Guillermo Moreno, respecto de los presos kirchneristasLa tía Helena solía guardar los pocos dólares que ahorraba en una media, que metía en una lata de tomates, que iba a parar a un tarro de café y, de ahí, a un pozo en el jardín trasero, al lado de la tumba del Bobby, con foto del pichicho y plaquita con su nombre. ¿Quién podía pensar que junto a semejante altar se escondía toda la fortuna de una jubilada? ¿A quién se le iba a ocurrir remover la tierra donde descansaban los restos del querido Bobby? Era el escondite perfecto. Hasta que a Capitán, el sucesor de Bobby, se le dio por esconder un hueso justo allí. Piedra libre para el tesoro de la tía.Debe ser un problema hereditario, que viajaba con los genes. Matilde, la hermana de Helena, pensó que había descubierto un planeta cuando decidió guardar en el horno las pocas joyas que tenía. Total, nunca cocinaba. Pero llegó el invierno y al tío Cacho se le ocurrió encenderlo para matar el frío. En unos pocos minutos, logró cocinar una torta extraña de oro 18 quilates y estuches de plástico fundidos con paños de gamuza, un pequeño brillante y dos pares de aros de plata antigua.Si uno piensa en los escondites de la plata de la , aquellas cuevas familiares causan risa. Valijas, bolsos, conventos, entrepisos y entretechos, tanques de agua, panzas de esculturas de dragones, paredes...

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