La clave que faltaba para leer los cuadernos

 
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El dique terminó de romperse. La confesión de Carlos Wagner expone con obscena precisión el sistema de latrocinio y fraude al Estado que impuso el kirchnerismo en su extensa estadía en el poder.El dueño de Esuco le puso orden lógico al festín de corrupción que insinúan los cuadernos de Oscar Centeno. Es una exposición inquietante, de consecuencias atómicas para Cristina Kirchner, para sus excolaboradores y para los empresarios involucrados en la causa, incluidos los que ya integran la legión de arrepentidos.Wagner llegó al tabú máximo: la cartelización de las obras y los sobreprecios multimillonarios, con su consiguiente daño a las arcas públicas. Sus palabras representan el fin de la inocencia. ¿Cuánto puede resistir el relato de que los paseos con bolsos llenos de dólares eran solo un método rudimentario de recaudación proselitista?El juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli creen haber accedido a la evidencia más relevante en la causa desde que el periodista de LA NACION Diego Cabot aportó a la investigación los manuscritos de Centeno. Están determinados a avanzar a un ritmo inimaginable para los tiempos de la Justicia argentina, como prueban las órdenes de detenciones libradas anoche contra dos satélites del universo De Vido -Claudio Uberti y José María Olazagasti- y un exjefe de la UIA como es Juan Carlos Lascurain.Son pésimas noticias para los primeros arrepentidos, incluido Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri y exdueño de Iecsa. Si la declaración de Wagner puede corroborarse quedará en duda la sinceridad de aquella explicación sobre supuestos aportes negros para la campaña electoral entregados bajo presión."La versión Heidi empieza a derrumbarse", señalaba anoche un funcionario de tribunales. Los acuerdos de colaboración judicial firmados hasta ahora implican que todo lo que el imputado cuenta debe ser corroborado como cierto, de lo contrario la pena en lugar de reducirse es susceptible de ser aumentada.Las defensas de los arrepentidos batallan por evitarles a sus clientes la acusación de asociación ilícita, resignados ya a que de mínima están asumiendo un cohecho de manual. Este delito tiene una sanción máxima de seis años y con una eventual reducción a la mitad o a un tercio (en virtud de la colaboración) se librarían de la cárcel. Ahora nadie está tan seguro.Para Cristina Kirchner, acusada de ser la jefa de una organización delictiva, resulta abrumador el torrente de noticias de ayer. ¿Podía desconocer quien era...

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