Claudia merece no ser una santa

"Me gustaría que Claudia diga: ‘Aunque estés muerto te sigo amando’"En la necesidad enorme de romantizar la historia, la imagen salta sin solución de continuidad de aquel Diego entero de La noche del Diez, quince años atrás, a la de esta Claudia que llega corriendo a la quinta de Tigre, la que camina a paso firme y le abre paso a sus hijas en la Casa Rosada, la que organiza el funeral, la de esta Claudia que cumple y lo cuida -lo quiere- aunque esté muerto, hasta el final.Maradona y Claudia Villafañe ya estaban divorciados hacía dos años cuando él se hizo esa autoentrevista que en estos días los medios y las redes reprodujeron al infinito, pero eso no impidió que el Diez la comprometiera en público y para la posteridad con un voto aún más exigente que el matrimonial. Consciente de su trascendencia, Diego era un Dios posesivo que le pedía a Claudia que lo amara no "hasta", sino incluso cuando la muerte los separase.Asumimos que Diego era ese Dios que ahora lloramos, pero también que Claudia fue la santa capaz de tolerarlo. Frente a los escándalos, las adicciones, las infidelidades, los hijos extramatrimoniales, ella fue la abnegada, la discreta, la resignada, esa a la que llegaron a preguntarle en un reportaje: "¿Cómo aguantás tanto?" Aguantaba, claro, porque aguantar era lo que le habían enseñado, aguantaba "por las nenas", aguantaba porque era la mujer del máximo ídolo del más machista de todos los deportes. Aguantaba porque él "siempre volvía a casa" y ella tenía que ser casa, el lugar seguro. También vivió su propio cuento de hadas: de aquel cuarto de Fiorito que compartía con sus padres y su hermana -como recordó hace poco en Masterchef-, a protagonizar "la boda del siglo" en el Luna Park, en 1989. La ley de divorcio en la Argentina se había promulgado apenas un año antes: Claudia aguantaba porque era lo que las mujeres habían hecho desde siempre.¿Cómo no íbamos a convertir a Claudia en una santa si es el símbolo extremo de lo que vivieron tantas mujeres de su generación? Como muchas, Claudia fue "la bruja". Al igual que a Diego, la sociedad le dio un lugar demasiado pesado, injusto: era su responsabilidad ponerle un límite al ídolo desbocado, contener ella sola esa desmesura que en la cancha fue una fiesta, ocuparse por su cuenta de desmalezar al entorno y en...

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