La ciencia de ser mujer

 
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Los libros Científicas, cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera) y Los remedios de la abuela, mitos y verdades de la medicina casera visibilizan a las investigadoras olvidadas por la historia y revalorizan la sabiduría popular femenina. Su autora es Valeria Edelsztein, química y divulgadora científica, que se propuso nombrar a las inventoras, exploradoras o pioneras que todavía no fueron reconocidas.

“Hay mujeres letradas como hay mujeres guerreras, pero nunca ha habido mujeres inventoras”, afirmó Voltaire en 1764. Se equivocaba. En Egipto, 2700 años antes de Cristo, la reina Merith Ptah era médica jefe (como ministra de Salud) y, muy cerquita, 2640 años a. C., la primera emperatriz de China, Si Ling Chi, descubrió la seda. Una colega suya, la emperatriz china Shi Dun, pero muchos años después, en el 105 de nuestro calendario, fue la primera en confeccionar papel a partir de la corteza del árbol de moras. Volviendo atrás el tiempo, 2300 a. C., Enheduana, la hija del rey Sargón, fundador del primer imperio (Acadio) del mundo entre Persia y el Mediterráneo, se convirtió en la primera mujer del mundo en firmar sus escritos, fue poetisa y alta sacerdotisa. Nada era sencillo sino prohibido. Por eso Jeanne Baret se tuvo que disfrazar de marinero, en 1766, para poder dar la vuelta al mundo y, a pesar de ser analfabeta, llegó a recolectar en tres años de expedición casi seis mil muestras de plantas –como la santa rita– y hierbas medicinales. En lo colectivo, las hetairas, en Grecia, por no ser atenienses, escapaban a la prohibición de estudiar y llegaban a ser sabias. En Roma, Metrodora escribió un tratado sobre enfermedades del útero, el estómago y los riñones y también Aspasia escribió sobre ginecología y obstetricia. Además, María se convirtió en la primera alquimista, sentó las bases teóricas y prácticas de la química moderna, pero por sobre todo se le ocurrió probar el baño María en la cocina que tanto sirve para hacer repostería. La lista de las olvidadas por el lustre es larga. Pero ni siquiera en el siglo XXI las científicas son tan reconocidas. ¿Cuántas referentes históricas y actuales por su mente brillante vienen fácilmente a la mente? Sí, además de Marie Curie, que ganó el Premio Nobel de Química.

“¿Cómo puede ser que no conozcamos ningún nombre femenino en las ciencias? ¿Será que no existen? No. Nada de eso. A las mujeres les gusta investigar y, de hecho, lo hacen. Al parecer las damas en la historia de la ciencia son como las partículas: fundamentales pero invisibles. O como el sol: aunque no las veamos siempre están”, escribe Valeria Edelsztein en el libro Científicas, cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera), que obtuvo el primer premio del Concurso Internacional de Divulgación Científica Ciencia que ladra-La Nación 2012, y publicó el grupo editorial Siglo XXI.

Valeria tiene 31 años y ya es doctora en Química e investigadora del Conicet. También es autora del libro Los remedios...

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