China y su desafío: ser de 'clase mundial'

 
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CHANGSHA, China.- Fundada en 1989 en esta ciudad por Liang Wengen, un ex empleado de una empresa estatal y actual diputado de la Asamblea Popular Nacional de China, Sany es una empresa privada con 20 parques industriales en su país y cinco en el exterior, además de 10 plantas de su controlada Putzmeister. Da empleo a 35.000 personas en todo el mundo (7000 son ingenieros) y en 2015 facturó US$ 7000 millones.

Al igual que otras compañías del gigante asiático que se globalizaron en los últimos años, Sany busca mejorar la imagen de los productos chinos, cuyo bajo precio se asocia a la falta de calidad. Las plantas que LA NACION visitó en Shanghai (excavadoras, grúas montadas sobre orugas), Changsha (vivienda industrial, bombas de concreto), Ningxiang (grúas sobre camiones, Centro de Investigación y Desarrollo) y Pekín (equipos de energía eólica) testimonian el objetivo, hecho realidad, del estándar internacional de primer nivel, lo que se conoce como "clase mundial".

Por todos lados hay carteles con frases del fundador (caladas sobre fondo rojo, el color de la prosperidad y la felicidad, entre muchos otros simbolismos) con arengas a los empleados. Una combinación de eslóganes capitalistas con estética socialista. "La calidad de hoy es el mercado de mañana", "La calidad transforma al mundo" y "Odiar la lentitud como si fuera nuestro enemigo" son sólo algunos, junto con el "Siempre muy agradecidos", en la entrada de las fábricas.

Rodeadas de lagos artificiales y cientos de árboles, equipadas con alta tecnología y robótica, obsesivamente limpias, iluminadas...

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