El chavismo argentino viene asomando

Vengo a proponerles un sueño, decía Néstor aquel 25 de Mayo: quiero una Argentina unida, un país serio y normal. Juraba por una nación abierta al mundo donde no hubiera impunes. Y al oírlo en la distancia, su viuda se emociona de pena y de orgullo, sin comprender que precisamente la historia la interpela: ella dejó una nación en default y estancamiento, con astronómico déficit fiscal, sin reservas y con cepos; una de las tres inflaciones más altas del planeta, doce millones de pobres, una penetración inédita de narcotráfico en la miseria, una profunda división social y un tendal de casos de corrupción escandalosa como nunca había conocido la era democrática. El "país normal" se transformó en un corso a contramano del progreso, en el umbral mismo de otra esperpéntica revolución bolivariana. Medicina que propone ahora para curar todos los males del presente, puesto que si algo probó la electrizante reaparición de la Pasionaria del Calafate es lo que piensa en su fuero íntimo: lamenta no haber conseguido suficiente espalda política para radicalizar aún más sus gobiernos. Eso quiere decir que una próxima reencarnación cristinista sería más autoritaria y más jacobina.

Para Cristina, el problema de Brasil no lo constituye su corrupción endémica y unánime, sino los jueces que llevan a cabo el mani pulite y los medios de comunicación que revelan los chanchullos del poder. Lo ha repetido: la prensa ocupa en la actualidad el lugar de las fuerzas armadas en las antiguas dictaduras; los diarios y los periodistas convierten en parias a las personas de bien y pudren las cabezas de los ciudadanos comunes, a quienes ella implícitamente desprecia a raíz de su presunta tendencia congénita a dejarse manipular. Este concepto fascista es perdonado por sus adoradores, que tampoco se sienten interpelados por la realidad ni por el sentido común: la gran dama comete en su provincia incendiada (Santa Cruz) los mismos pecados que denuncia a nivel nacional, y viene a proponerse como salvadora de otra provincia (Buenos Aires) que ha sido devastada por años y años de calamitosas gestiones kirchneristas. Aplaude al cardenal Poli cuando habla de inequidad y confrontaciones, como si ese mensaje tuviera la actualidad de un noticiero nocturno, y no fuera el reporte de una crisis crónica con múltiples responsables históricos: sólo que Macri gobernó 18 meses, y los Kirchner doce años. Olvida que cuando Bergoglio los punzaba de igual modo en el tedeum, el matrimonio feudal le...

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