La champions que humanizó a Leo Messi

 
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Lionel Messi vuelve mañana a la competencia en que en la temporada pasada se quedó en una pierna. Fue en la Liga de Campeones donde se rompió el encanto de que era una máquina de jugar y hacer goles. Un desgarro en París, ante PSG, lo mostró humana y físicamente vulnerable a la exigencia de haber jugado tres partidos en ocho días, con punto de partida en los 3600 metros de La Paz y el siguiente viaje transoceánico. Una paliza que el cuerpo no resistió, la salud puso un límite al que nos habíamos desacostumbrado. Hasta ahí, era omnipresente. El crujido de sus fibras musculares dejó a Barcelona desamparado, retratado en el tremendo 0-7 global de la serie contra Bayern Munich.Aquello significó casi un fin de curso. La lesión entregó la lección de que su admirable pretensión de jugar siempre, los 90 minutos de cada partido, no puede ser consentida por los técnicos sin evaluar los debidos riesgos. Dejarlo en el banco o reemplazarlo antes del final, como empezaron a hacer Sabella y Martino, pasó a ser responsabilidad de los conductores en la administración de esfuerzos, aun con el costo de recibir una furtiva mirada de desaprobación de Messi por su eterno deseo de vivir con una pelota al pie. Como toda adicción, la de Leo por el fútbol reveló su costado negativo.Todas estas prevenciones son para conservar a Messi en dirección a nuevos récords, hacia marcas que sobreviven a varias generaciones de futbolistas. Como esos cazadores que van coleccionando piezas que exhiben con orgullo, Messi tiene en la mira algunas que lo consagrarán para la posteridad. Por ejemplo, en...

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