La censura tantea el terreno

"Esta es una sociedad aparencial que tiende hacia la uniformidad. El razonamiento es que tratemos de ser todos iguales así estamos tranquilos."Quien así se expresa es el más prestigioso periodista cultural y de espectáculos de la Argentina, Ernesto Schoo. La frase podría aplicarse perfectamente al momento actual, pero fue pronunciada ante quien firma esta nota para un dossier titulado "La censura en la Argentina", que publicó la revista Redacción en mayo de 1981.Semanas antes, la dictadura militar había hecho su primer recambio "institucional" y consensuado (a Jorge Videla lo sucedía Roberto Viola por apenas nueve meses, desplazado más precipitadamente por "el general majestuoso" Leopoldo Fortunato Galtieri, según el generoso calificativo de la administración Reagan antes de desatarse la aventura malvinera).La etapa de la represión más dura del Proceso de Reorganización Nacional apenas comenzaba a ceder. Pero ese mínimo ablandamiento ya resultaba de gran alivio como para que ciertas plumas y lenguas empezaran a soltarse y se animaran a un poco más. Por cierto, Hugo Gambini, director de Redacción, una publicación político-económica que imitaba en su diseño y en algunos de sus contenidos a Primera Plana (publicación a la que había pertenecido) se arriesgaba a dedicar la tapa de su número 99 a la temible y extendida censura, por medio de una separata de 16 páginas que me confiaron para entrevistar al respecto a calificadísimos referentes de la cultura argentina, como los escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, el director de cine Fernando Ayala, el autor teatral Roberto Cossa y el actor Alfredo Alcón y el mencionado Schoo.Releer aquellas páginas 31 años después produce algunos escozores inquietantes. "Lo mejor -me dijo en esa ocasión Borges con exquisita ironía- sería que cada hombre fuera su propio censor, pero por el momento tenemos que resignarnos?"Para no ser tildado de colaboracionista con aquel régimen -deporte intensamente ejercitado por los actuales amanuenses del poder- se hace necesario repetir una obviedad: la más imperfecta de las democracias es mejor que la más blanda de las dictaduras. Tampoco hace falta aclarar que la censura más desembozada ya no existe afortunadamente desde hace muchos años en la Argentina.Desde que volvió la democracia se constatan avances permanentes para expandir la libertad de expresión: así, durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-89), hubo gran difusión de los excesos de la dictadura y de los juicios a los...

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