Caso Nisman: la sociedad sigue esperando justicia

 
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Si algo le faltaría a la desprolija investigación sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman sería que el calendario electoral condicionara la difusión del dictamen de la fiscal Viviana Fein. Su simple sugerencia de que la presentación de su informe final se produciría después de octubre lleva a sospechar que el resultado de los comicios del 25 de ese mes podría influir en el dictamen o bien que éste podría, a juicio de la funcionaria, influir electoralmente.

Es cierto que la fiscal Fein no formuló ningún anuncio concreto sobre la fecha en que daría a conocer su opinión sobre el caso y que se limitó a responder una pregunta de un periodista acerca de si el dictamen se conocería sólo después de octubre, cuando expresó que "seguramente" sería así, dado que se tomaría "el tiempo que demande". Es verdad también que todo fiscal, sobre todo ante una causa judicial tan delicada, debe emitir su resolución cuando tenga "la certeza absoluta de lo que ocurrió", como ella expresó.

Sin embargo, es entendible que las sospechas y la indignación avancen en la ciudadanía frente a una investigación que, casi ocho meses después de la aparición del cadáver de Nisman, se sigue demorando y que es objeto, desde su inicio, de una fuerte contaminación política.

Días atrás, la fiscal Fein volvió a señalar que no se puede decir que Nisman se suicidó ni que lo asesinaron y que "no hay pruebas concluyentes y concretas", sembrando más dudas y pesimismo acerca de si alguna vez podremos saber cómo murió el fiscal de la causa por el atentado contra la AMIA que provocó la muerte de 85 personas el 18 de julio de 1994.

Sí sabemos ahora que el resultado de un peritaje que la fiscal Fein pareció querer evitar durante demasiado tiempo ha tornado más lejana aún la hipótesis de un suicidio de Nisman. Este estudio, realizado recientemente en Salta, determinó que la pistola Bersa calibre 22 desde donde salió el disparo que mató al fiscal deja rastros de pólvora en la mano de quien oprime el gatillo.

Si efectivamente las manos de Nisman no tenían vestigios de pólvora, de acuerdo con la prueba de barrido electrónico que se le realizó a su cuerpo oportunamente, podría concluirse que existe una alta probabilidad de que no estemos frente a un suicidio, sino ante un asesinato. Desde la fiscalía a cargo de la investigación, no obstante, se intentó explicar que tal pericia no puede determinar lo ocurrido, porque las condiciones en que se produjo la muerte, en el baño de un departamento...

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