Cartelización: la génesis de la corrupción en la obra pública

 
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Todos los viernes, un grupo de empresarios se reúne a comer. Asado, por lo general. Cena "de camadería" -así la definen-, en la que comparten buenos vinos, chistes malos, se alertan sobre riesgos, cruzan información y, de ser necesario, coordinan cómo encarar los proyectos más jugosos. O cómo lidiar con algún funcionario. Es apenas un atisbo de la "cartelización" de la obra pública, según afirman algunos de ellos que aceptaron dialogar con LA NACION.

"Para ciertas licitaciones, el «armado» es a través de la Cámara [Argentina] de la Construcción (CAC), pero para los de Vialidad, es la 'Camarita' la que juega", cuenta un veterano con más de 30 años en el sector. Alude a la Cámara Argentina de Empresas Viales, con sede en Piedras al 300, frente a Vialidad Nacional.

"Veinticuatro horas antes de una licitación podía armarse una reunión en la oficina de la «Camarita» para coordinar las presentaciones de cada empresa", cuenta otro empresario, que recuerda una vieja anécdota: "En la sala de reuniones había una imagen de la Virgen de Luján, protectora de los caminos, y antes de empezar la reunión la dábamos vuelta para que no presenciara lo que hacíamos".

El presidente de la "Camarita", Rodolfo Perales, lo niega, indignado. "No existe la cartelización. Absolutamente no. Pensar en algo así cuando hay cien empresas que compiten es imposible", dijo a LA NACION, para luego añadir: "Espero que quienes hablaron con usted no sean socios de nuestra cámara".

-Lo son.

-Lo lamento. No deberían...

Los empresarios consultados, sin embargo, descargaron toda o parte de la responsabilidad por la cartelización -y los sobreprecios- en los funcionarios de turno, a los que algunos constructores aluden con el eufemismo de "el socio" al que no pueden citar por su nombre.

"La corrupción viene de arriba y los empresarios nos adaptamos al sistema porque así los negocios son más fáciles", argumentó uno. "El Estado es el que carteliza. Y las empresas la aceptan para protegerse. Hay muchas familias que dependen de eso", añadió otro que recordó el caso de un constructor que se negó a pagar y le secuestraron a un hijo.

Otro empresario ofreció una visión más crítica. "En teoría, si no te metés en los arreglos no ganás un contrato, sí. Pero los empresarios callaron y ahora varios encima hacen lobby para que no salga la ley del arrepentido, no jodamos", se sinceró. "Fueron... fuimos -se corrigió a sí mismo- cómplices".

¿Cómo eran las negociaciones, en la práctica, con los...

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