Cartas de los Lectores

 
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VaticinioCuando la filósofa Ayn Rand escribía su famosa novela La rebelión de Atlas, en 1957, nunca hubiera imaginado que en un lejano país del Sur en 2014 se iba a producir un déjà vu de su extraordinario libro.No podemos dejar de admirar su defensa del liberalismo económico, su condena de la opresión estatal mediante el intervencionismo populista, la tenaz exposición de sus principios. Uno de sus personajes ficticios en la novela, decía: "Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada."Esta extraordinaria síntesis pareciera dirigida a nuestro país. Con la aprobación de la ley de abastecimiento se puede comprobar, una vez más, la sorprendente actualidad de esos vaticinios escritos en otro tiempo y lugar, pero tan cerca de nuestra trágica realidad.Silvio PizarroDNI 1.738.044Ley y moral"Cuando la ley y la moral se contradicen una a otra, el ciudadano confronta la cruel alternativa de perder su sentido moral o perder su respeto por la ley" (Frédéric Bastiat). Innumerables leyes de nuestro país contienen implícitamente esta contradicción. No me daría el tiempo enumerarlas, por lo que solamente mencionaré la nueva ley de abastecimiento sancionada por el Congreso, que convalida, entre otras cosas, la violación de la propiedad privada. Todo indica que los argentinos hemos optado desde hace mucho tiempo por la primera disyuntiva planteada por Bastiat: perder la noción de lo moral.Julián Benegasmailto:julianbenegas@gmail.comSesión maratónicaCasi todos los ciudadanos del país (y del mundo) cumplimos en nuestros trabajos jornadas laborales normales, sean éstas diurnas o nocturnas. Un chofer de colectivo o de ómnibus debe tener sus horas de descanso obligatorias antes de conducir un vehículo, por ejemplo. No se entiende por qué entonces los senadores y diputados trabajan en jornadas maratónicas de veinte horas, sin dormir, a los gritos y siempre "apurados". ¿No les alcanzan todos los días del año para trabajar normalmente, como el resto de sus...

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