Cartas de los lectores

POLÍTICA EQUIVOCADALa crisis energética sacó a relucir los errores cometidos por la administración kirchnerista. A raíz de la equivocada política instaurada por Néstor Kirchner, que consistió en congelar las tarifas, tanto la que se cobra a los consumidores como la que se abona a las empresas productoras, transportadoras y distribuidoras, se suspendieron las inversiones en toda la cadena, desde la producción hasta la distribución. Frente al crecimiento de la demanda se volvió imprescindible importar energía. La nefasta decisión de Kirchner llevó al país a tener un déficit creciente en la balanza comercial energética, después de 15 años de superávit, y a tener que imponer un cepo al dólar porque esa moneda debe utilizarse en la compra de energía.Lo que llama poderosamente la atención de esta política es que no sólo se benefició a sectores de la población que podrían solventar una tarifa más alta, sino, lo que es más llamativo aún, que prefiriera pagar la energía hasta siete veces más cara comprándola en el extranjero que aumentar en un mínimo porcentaje el precio de compra a las empresas instaladas en el país, para que incrementen la producción. Sólo Dios sabrá el porqué de esta preferencia por lo importado.Alfredo Tolchinskymailto:alfredo.tolchinsky@gmail.comDERROCHEEn la noche del miércoles pasado, tal como ha sucedido otras veces, las luces del hipódromo de Palermo se volvieron a prender a su máxima potencia. Uno se imagina que es debido a la realización de carreras u otro acontecimiento especial. Pero no. Desde las 21.30 hasta las 23.30, el hipódromo lució iluminado de forma espectacular, pero nadie pisó las pistas, mientras se consumía esa energía que bien podía estos días utilizarse en otros barrios de la ciudad. Este derroche de electricidad es casi diario, y provoca además una contaminación lumínica tan potente que los departamentos que están orientados hacia la pista deben bajar las cortinas.Guillermo Alberto TealdiDNI 11.523.160PECADOSoy un profesor de arte nonagenario que me encuentro en estado de semipostración, habiendo cometido quizás el pecado de envejecer .Vivo en un piso 12 y me encuentro desde hace cinco días sin luz, con lo cual la falta de ascensor me condena a quedarme encerrado entre cuatro paredes. Les aseguro que no cometo ningún exceso ni despilfarro, más bien mi menguada jubilación me lleva a comportarme como un asceta y gracias a Dios mi hija todavía puede subir y bajar varias veces la escalera.¿Es justo terminar mis últimos días...

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