El campo, otra vez esquilmado

La Argentina ha debido realizar un ajuste económico y financiero fortísimo, con pocos precedentes en su pasado, si es que los ha habido. Ha sido el precio final por un sinceramiento de las cuentas públicas que el gobierno de Mauricio Macri demoró desde el día de su asunción. Actuó así hasta que sintió que el piso se resquebrajaba bajo sus pies. Los costos por esa dilación en tomar el toro por las astas van necesariamente a la cuenta de este gobierno, pero no debería ser menor la parte que corresponde en realidad a la sociedad en su conjunto, tan reacia a comprender el compromiso de que el Estado es, en última instancia, como una familia: no puede gastar más de lo que ingresa, a riesgo de quedarse un día sin casa, sin auto y sin crédito.Es tal el cinismo nacional en estas cuestiones que cualquier político es capaz de agotar las posibilidades del diccionario de la lengua a fin de evitar llamar las cosas por su nombre. Pero un ajuste es un ajuste. El último ha sido hecho cuando, por falta de otros acreedores accesibles, hubo que recurrir una vez más al Fondo Monetario Internacional. No hay préstamo sin reglas por cumplir, más si se tiene una trayectoria de insolvencia serial, como la de nuestro país que, incluso, llegó a celebrar un default en el Congreso de la Nación.El problema es que el ajuste se ha realizado mucho más a expensas del sector privado con ingresos declarados y, por lo tanto, en la legalidad que de un Estado reacio, hasta en situaciones extremas, a comportarse con ejemplaridad en el manejo de sus recursos. Una de las consecuencias del ajuste ha sido, al violentarse los juramentos con los cuales Cambiemos llegó al Gobierno, la reinstalación de derechos de exportación con los que se había aliviado inicialmente la situación del campo.Estamos lejos, en verdad, de la exacción que los productores agropecuarios sufrían en septiembre de 2015, entre los últimos estertores de esa maquinaria, además muy corrupta, que fue el kirchnerismo. En ese momento, la apropiación por el Estado de la renta agrícola era del 94,1%. Se desglosaba de esta manera, según datos de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA): 85,3%, en el caso de la soja; 123,9%, en el del maíz; 136,4, en el del...

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