El campo no puede esperar

 
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Las entidades agropecuarias han anunciado una movilización de protesta para el próximo viernes. El gobierno nacional había sido advertido con reiteración de la gravedad de la situación por la que atraviesan las actividades agrícolas en general y las economías regionales fundadas también en el trabajo de la tierra. Sería un acto de irresponsabilidad más pasar por alto las notificaciones que a diario transmite una realidad inocultable y que no se podría falsear con otro tipo de estadísticas de las que suele abusar el oficialismo.

La crisis de la industria vitivinícola como consecuencia de la distorsión deliberada del valor de la moneda, que impide competir en materia exportadora; la crisis aún más compleja del sector frutícola por una convergencia de causas, entre las cuales gravita por igual el precio irreal de la moneda, como en el caso de las peras y manzanas, que suscitó cortes de rutas en el alto valle rionegrino, o el de los limones y los olivos. Sobre todos pesa el aumento exorbitante de los costos internos. He ahí algunos de los principales factores que afectan a las actividades generales del campo y delinean un panorama más que sombrío.

La peor situación es la de los arrendatarios, que arrastran como consecuencia de ello a quienes alquilan sus propiedades, y vuelcan, en el ámbito de la propia residencia personal, muchos de los recursos que reciben. No es un tema menor: más del 60% de las actividades agrícolas se hacen sobre la base de alguna de las modalidades propias del alquiler.

Un estudio de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Extensión Agropecuaria (Aacrea), respecto de dos de los cultivos básicos, demuestra la facilidad con la cual podría caer en quebranto un alto número de productores. Es el riesgo en que los ha colocado la sumatoria de las mermas habidas en los precios de las principales commodities y la de los costos actuales de implantación, protección, cosecha, comercialización, administración y estructura, más lo que se haya debido pagar por los arriendos y "la desproporcionada presión impositiva", como se señaló en una reunión de la Sociedad Rural de 25 de Mayo.

En el caso de la soja, el punto de indiferencia -ni ganancias ni pérdidas se lograba en el Noroeste del país, en la campaña 2013/14, con una cosecha de 25 quintales por hectárea; en 2014/15 se requirieron 29 quintales para evitar pérdidas en esa misma superficie. En maíz, se necesitaba lograr 83 quintales en la campaña 2013/14; un año después...

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