Cambio de roles: la revolución de los líderes sensibles

 
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Nadie recuerda a Samuel Pierpont Langley. El físico, astrónomo e inventor estadounidense poseía la receta del éxito para ser el primer hombre en fabricar un avión piloteado. Las condiciones del mercado eran perfectas; gracias a su trabajo en Harvard y en el Instituto Swmithsoniano cosechó contactos e influencias políticas para que el Departamento de Guerra de Estados Unidos le otorgara US$ 50.000. Con ese dinero, contrató a los hombres más talentosos de su época. Langley quería ser el primero, ser rico y sentía la necesidad de ser famoso.A unos cientos de kilómetros, en Dayton (Ohio), Orville y Wilbur Wright no tenían esos recursos. Se financiaban con las ganancias que dejaba su comercio de bicicletas. Ni su equipo, ni siquiera ellos, tenía educación universitaria. Pero poseían algo más valioso, un sueño: sabían que si creaban una máquina voladora cambiarían el mundo. Su gente no se comprometió por el sueldo sino porque los inspiraba la causa. El 17 de diciembre de 1903 los hermanos Wright remontaron vuelo. Ese mismo día Langley abandonó su empresa.La historia es una muestra de que -incluso un siglo más tarde- las raíces del liderazgo están intactas. Aquello que crea sentido o un propósito a cientos de horas de trabajo, la compra de un determinado producto o la confianza de un inversor no es sólo el dinero. Una simple idea que acepte el riesgo de transformar la realidad suele ser la inspiración. El líder es el primer enamorado y los miembros de su equipo, los seducidos por su ejemplo.Para el autor inglés Simon Sinek, que suele usar el contrapunto de aquellos inventores en sus charlas, Apple es un ejemplo de esta visión trasladada a una empresa líder.La firma más exitosa de los últimos años no vende sólo notebooks, iPhones o iPads con diseños cuidados. Ese especial micromundo creado por Steve Jobs, en cambio, glorifica una idea que interpela emocionalmente a sus clientes y empleados: "Think different" ("Piensa diferente"). Apple revela otra forma de ver la realidad y genera así una identidad en la que se reflejan sus seguidores.Si los cimientos del liderazgo son inconmovibles, ¿qué cambió? El mundo. El sociólogo Zygmunt Bauman habla hoy de sociedades líquidas (inciertas e inestables). "No existen saberes o discursos que no sean fruto de determinadas condiciones de posibilidad", justificaría, en tanto, el pensador francés Michel Foucault para explicar que se reclamen reactualizados atributos a los líderes.¿Qué transformaciones trae este nuevo mundo? De la...

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