El cambio de Obama: de rey de la ilusión a candidato convencional

WASHINGTON.? Noventa días antes de la cita electoral en la que busca un nuevo período, la campaña de Barack Obama refleja la transformación que 42 meses en la Casa Blanca operaron en este líder, cuya consagración hace cuatro años suscitó una fenomenal ola de entusiasmo y esperanza y que hoy tiene problemas para rescatar esa ilusión.No sólo son las mentadas canas que ganó con la presidencia y que, para algunos, son más de las esperables para los 51 años que cumplió ayer.La carga de la Casa Blanca y de la vida política en esta capital del poder lo acercaron mucho más al perfil de un político convencional y puso distancia de la figura del gran transformador que prometió ser cuando, en enero de 2009, hizo historia al jurar como el primer presidente negro en este país.La metamorfosis se constata, para empezar, en los actos públicos. Aquellas legiones de seguidores que lo acompañaban cuando todo era entusiasmo se han reducido bastante y su campaña tiene que esforzarse mucho más para atraerlos.No se trata de que Obama vaya a perder frente al republicano Mitt Romney. Al contrario, las encuestas dicen que está frente a una elección ajustada, pero que tiene muchas posibilidades de ganarle. De lo que se trata es de reflejar que el hombre que hoy pide una nueva oportunidad es distinto del que, hace cuatro años, obtuvo la primera.El propio Obama demuestra ese sentimiento cuando pide el voto. Lo primero que hace es reconocer que el trabajo que prometió no está realizado; que "aún queda mucho" por completar de aquella primera agenda. Pero que aun con esos faltantes, él es "mejor opción" que su rival.Obama hoy se presenta como eso, como una opción, lo que implica un matiz de peso en la percepción de aquel paladín del cambio que enamoró a multitudes.Se muestra como un hombre que no está seguro de que el electorado "siga confiando" en él y que suele preguntarlo en una forma que parece ir más allá del recurso retórico. "Si siguen confiando en mí...", dice, antes de espetar una propuesta.Pero, además del agotamiento, esta campaña incorporó la agresividad como receta en su oratoria proselitista.Su discurso va dirigido a presentar a Romney "como parte del problema" de los Estados Unidos. Lo descalifica como un hombre que confunde "corporaciones con personas" y en unos de sus más recientes spots llega a sugerir que estafa al país al poner su dinero en paraísos fiscales. Pero hasta desde el pulmón de la campaña admiten que la cosa tiene su riesgo."Tenemos que ser muy cuidadosos...

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