Cada uno a su turno, como fans de una pop star, frente al más influyente del gabinete

 
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Iban de a uno, casi en fila. Era el mediodía en el salón VIP del , donde se desarrollaba el , y los empresarios rodeaban inquietos a , que estaba a punto de exponer. Como si aquella foto del ministro de Economía acaparado por fans-militantes que circuló la semana pasada en las redes sociales se hubiera extendido ayer a groupies más sofisticados, pero igualmente desinhibidos, que esperaban por turnos un instante de exclusividad.Parecía impaciente Gabriel Martino, por ejemplo. Pero, correcto y contenido, el presidente del HSBC aguardó que terminara la conversación entre Kicillof y Federico Tomasevich, líder de Puente. "Uh -sonrió Tomasevich, mientras se retiraba y advertía la presencia de LA NACION-. No sabés leer los labios, ¿no?" Entonces se acercó Martino y se ocupó de lo suyo. Otros, como Alejandro Bulgheroni, lo abordaron al final del Council: la charla del dueño de Bridas duró casi todo el trayecto que tiene el pasillo del Alvear, hasta la puerta de salida.Es entendible que hombres de negocios de ese porte se agolpen frente a Kicillof con semejante urgencia: estaban frente al único funcionario con influencia cierta sobre la Presidenta en un gobierno poco propenso a escuchar consejos de privados. "Acá me anoté varias cosas que no comparto y le oí decir: se las voy a plantear cuando pueda", contó Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto, papelito en mano, que juzgó la presentación del ministro como "técnica" y "respetable".Había sido extensa y encendida, como le gusta al jefe del Palacio de Hacienda. "Fue un discurso de campaña", definió Eduardo Eurnekian, líder de Corporación América. ¿Le gustó?, se le preguntó. Eurnekian no parecía esta vez dispuesto a disentir, y su respuesta fue una repregunta a este diario: "¿A usted le gustó". Se le explicó que la opinión de un cronista en un contexto como ése era irrelevante y se insistió en...

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