Cada cual arma su propia aventura

 
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Los obstáculos de quien quiere empezar a escuchar jazz son muy distintos de quien quiere escuchar esa música que llamamos clásica. Los segundos creen que hay que estudiar teoría y saber leer una partitura (nada de eso estará nunca de más, pero no es una condición excluyente). Los primeros no saben cómo orientarse en ese laberinto discográfico que es jazz, un género que, en el comprimido lapso de poco más de un siglo, incluyó estilos radicalmente diversos. ¿Qué tienen en común el swing de Louis Armstrong con el free de Cecil Taylor?Por su lado, los coleccionistas, a quienes me gustaría llamar "discófilos", colaboran con la confusión. Los "discófilos" son individuos que confunden el saber -y aun peor, la complacencia estética- con la posesión física de objetos (discos), y con la memorización de datos. Son falsos formadores del gusto a quienes les gusta mantener la potestad de un coto privado.Pero entonces, ¿por dónde empezar? Como con los libros, por donde sea, aunque con una condición necesaria: la curiosidad. Quien no sabe nada y lee a Borges podrá descubrir, si es curioso, a Schopenhauer...

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