Cápsulas vs. café en grano, la nueva guerra del pocillo

El gesto de alzar la mano con el índice y el pulgar horizontales podría estar en vías de extinción. Cada vez son más los que no piden "un café", sino que lo llaman con nombre y apellido. Es que no sólo se ha ampliado la oferta de sabores, procedencias y formas de preparación, sino que el consecuente refinamiento de su consumo está dando lugar a la aparición de tribus con pasiones por momentos irreconciliables. En un extremo del ring están los fanáticos de las glamorosas cápsulas, quienes exhiben orgullosos sus cafeteras en el lugar más visible de su vida; del otro, los cultores de lo artesanal, armados con molinillos, tostadores y cafeteras de diversa estampa."Es como un River-Boca, Mac o PC", dice Guido Rutemberg, de 46 años, productor de cine publicitario. "Yo sólo tomo café en grano que compro en establecimientos pequeños donde el producto no está industrializado, es tratado con pasión y me permite armar blends", cuenta Guido, quien asegura que el mejor café se toma en su casa."Compro los granos tostados y los muelo con un molinillo; en casa tengo una máquina Ariete con portafiltro y en la oficina una Saecco, más automática. Tomo unas cuatro o cinco tazas por día; podría tomar unas siete u ocho, pero bajé un poco."Guillermo Ricaldoni vive el café con la misma afición que Guido –unas ocho a 12 tazas diarias–, aunque desde una óptica distinta. Confiesa haberse "blindado y rodeado" de Nespresso: "Tengo una máquina en mi casa, otra en la oficina, y cuando tomo café afuera trato de ir a lugares donde sé que tienen esa marca. Incluso a las reuniones con amigos a veces llevo mi máquina", cuenta Guillermo, de 42 años, director de marketing de IMG. "Cuando salgo a comer afuera o tengo un almuerzo de negocios es muy difícil que pida café si no es un Nespresso –agrega–. Prefiero aguantarme y tomar uno después, en la oficina o en mi casa."Las rutas de café que transitan las tribus que Guillermo y Guido representan no se tocan: para unos, están las pujantes boutiques de Nespresso y los cada vez más numerosos bares y restaurantes donde se sirve el café de cápsula; para los otros, un circuito cada más amplio de pequeños establecimientos en los que se venden los granos y las máquinas, o donde los cafés son servidos por los cultores del recuperado oficio de barista.Lo que sí tienen en común ambas rutas son los sitios a evitar, bares o restaurantes donde el café se sirve mal. "Nuestras investigaciones de mercado detectaron que la gran falla está en cómo se prepara esta...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba