Brochero, cura y líder social: un santo a la medida de Francisco

 
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Entre el centenario de la asunción de Hipólito Yrigoyen y la recordación de otro 17 de octubre, Francisco, un Papa con raíces peronistas, convertirá hoy en santo a José Gabriel Brochero, un cura con militancia en el radicalismo. Cierta aunque incompleta, esa síntesis no pasa de ser una paradoja que apenas insinúa el camino a la consagración del primer santo nacido y muerto en la Argentina.

Montado en su mula Malacara, el curita del Valle de Traslasierra cordobés trepó los severos rituales vaticanos amparado por Francisco, que con Brochero santificó su deseo de que los hombres de la Iglesia sean "pastores con olor a oveja". Y todavía más significativo: el pontífice validó en el ejemplo de Brochero la importancia de la acción política como forma superior de la transformación social.

Como anticipo del mandato del papa argentino, el cura Brochero nunca dejó de "hacer lío" en su largo ciclo sacerdotal, social y político en la zona más aislada y pobre de Córdoba, durante el cuarto final del siglo XIX y la primera década del siglo pasado.

A poco que se conocen los pasos de Brochero, saltan a la vista las similitudes entre el mensaje de Francisco y la vida del nuevo santo nacido en Carreta Quemada, cerca de Villa Santa Rosa, en la llanura del noreste cordobés.

Biógrafo de los años de Jorge Bergoglio en Córdoba, el periodista Javier Cámara resume las similitudes del Papa con Brochero en "la austeridad, la cercanía con los sencillos y en la forma de acercarse con el lenguaje simple con más efectividad que regodeos teológicos".

Brochero llega a un rancho perdido en la soledad de las altas cumbres, en el oeste cordobés: "¡Ave María purísima..! Aquí vengo a traerles música". Bajo una sombra de aromitos, entre la mirada desconfiada de los serranos explica: "Dios anda por todos lados, pero tengan a mano que está más cerca de los pobres que de los ricos. En eso se parece a los piojos".

Egresado de la Universidad Nacional de Córdoba en los mismos años que Ramón Cárcano y Miguel Juárez Celman, y a la vez ordenado sacerdote a los 26, una epidemia de cólera lo arrojó a sus primeras causas solidarias. Tres años después, lo enviaban como párroco a la recóndita Traslasierra.

Instalado en San Pedro y luego en El Tránsito (hoy Villa Cura Brochero), no tardó en abandonar el lenguaje docto para hablar el de sus fieles. Era tan directo para predicar como para explicar el motivo de sus reclamos a los gobernantes.

Es un político con sotana el que le dice a sus...

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