Brasil. Tambores de guerra

Tambores de guerra en la tierra roja

El conflicto por la propiedad de tierras entre indios y terratenientes se recrudece en el Estado de Mato Grosso do Sul y el gobierno envía a la Fuerza Nacional a la región

Talita Bedinelli Dourados (MS) 12 DIC 2013 - 21:42 CET

El País, es, on line. 12.12.2013

En la entrada de la pequeña comunidad Apyka’i, enclavada en un terreno cercano a una carretera federal de Dourados, en Mato Grosso do Sul, centro-oeste brasileño, dos indios apresurados se acercan a una portería improvisada al percibir la llegada de un auto. Asustados, aseguran en la mano un yvyrapara, una especie de vara de madera, pintada de blanco y decorada con detalles de colores, que usan para su defensa personal. Ponen cara de pocos amigos darse cuenta de que dentro del automóvil está el antropólogo Tonico Benites, de la etnia guarani-kaiowá como ellos. Abren, entonces, una amplia sonrisa.

Los dos estaban en estado de alerta. Minutos antes, dos hombres se habían acercado a la comunidad, donde el último año tres personas murieron, en circunstancias no esclarecidas. Los individuos aceleraron una moto e intentaron romper el alambre de la cerca para invadir el área. En tono intimidatorio, preguntaron por el cacique. Se fueron tras ser amenazados con un palo. Cuando el EL PAÍS llegó al lugar en el coche que llevaba el antropólogo, las marcas de los derrapes de la moto aún marcaban el suelo de tierra batida.

La tensión en Apyka’i es una pequeña muestra del clima de guerra que se instauró en Mato Grosso do Sul por la propiedad de las tierras. Es una “guerra-fría”, define un oficial de la Fuerza Nacional, especie de tropa de élite formada por hombres de la Policía Militar de varios Estados, que fue mandada a la región a finales del mes pasado por el Gobierno federal, precisamente para evitar que la situación llegue a convertirse en una guerra de hecho. Por cuestiones de seguridad, el Gobierno decidió no revelar el número de efectivos enviados.

Por un lado, están los cerca de 61.000 indios, la mayoría de las etnias guarani-kaiowá, guarani-nhandeva y terena, que viven en diez municipios del Estado y reivindican las tierras que pertenecían a sus ancestros. Ellos tienen como baza estudios antropológicos que prueban que las áreas ya fueron habitadas por sus parientes y, por eso, tienen derecho a ellas. Del otro, hay aproximadamente 60.000 hacendados que dicen que las tierras son suyas, y muestran el registro de propiedad para probarlo.

Indios de Apyka’i se aproximan con un yvyrapara.

El impasse ocurre porque la Constitución de 1988 especifica que los pueblos indígenas tiene derecho a ocupar las llamadas tierras tradicionales. Pero, en las décadas que antecedieron a la Constitución, el Gobierno de Mato Grosso do Sul, así como los de otros Estados brasileños, retiraron a los indios de sus tierras y las vendieron a los terratenientes, que se convirtieron en los propietarios legales. El Gobierno Federal cree que las tierras deben devolverse a los indios y el Ministerio de Justicia ya autorizó la demarcación de muchas de ellas. Pero los hacendados, para evitar el desahucio, acuden a los tribunales y afirman que solo se irán si se les indemniza por el perjuicio, prolongando la discusión en los juzgados. El Gobierno del Estado dice que quién debe pagar la cuenta es la Unión, tutora de los indígenas en el país. Y la Unión delega la responsabilidad en el Estado, que vendió lo que no podía haber vendido.

“La FUNAI (Fundación Nacional de los Indios) viene aquí y dice que...

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