El otro blanqueo: cómo salir de la informalidad laboral

 
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Lograr equilibrio en las relaciones entre empresas y trabajadores es uno de los objetivos que, tradicionalmente, se le asignan a las regulaciones laborales. Pero esa definición entra en terreno ambiguo cuando el entorno económico y social de una y otra parte del vínculo no es tan diferente. ¿Qué pasa, por ejemplo, con una microempresa nacida de una necesidad de subsistencia y no de aportes significativos de capital? La cuestión es tan sólo una de las puertas de entrada al análisis del complejo problema de la informalidad laboral, que abarca la falta o la insuficiencia del registro de empleados por parte de empresas -formales o informales-, y la actividad de gran parte de los cuentapropistas, muchas veces desarrollada en forma precaria.

En la población urbana de la Argentina se estima que cerca de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin aportes a la seguridad social.

Esa informalidad es, en buena medida, la manera en que la desigualdad social se refleja en el mundo laboral. "Hay empresarios por necesidad y no por opción; ese es un rasgo de muchos propietarios de empresas informales y de cuentapropistas en países en desarrollo", advierte respecto de una de las caras de esta realidad un documento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) titulado La economía informal y el trabajo decente.

El extenso informe se propone ser una "guía de recursos" para encarar políticas de "transición de la informalidad a la formalidad".

Es una transición que, según los analistas consultados por la nacion, exige una mirada muy amplia. "Se debe considerar un marco integrado de medidas; hay que contemplar la promoción de políticas productivas y de empresas sostenibles; un acceso más amplio y efectivo al aprendizaje; el desarrollo de las competencias laborales y de la protección social, y la modernización de la administración del trabajo y la inspección", apunta Fabio Bertranou, director de la oficina de la OIT para el Cono Sur de América latina.

Un cálculo elaborado por ese organismo en 2014, basado en estadísticas oficiales, ubicó el índice de trabajo informal en el sector no agrícola de nuestro país en el 46,7% (muy cercano al índice promedio de América latina), en tanto que la encuesta del Observatorio Social de la UCA reveló que en 2015 un 50,6% de los trabajadores de los principales centros urbanos no tenía aportes. Entre los asalariados, ésa era la situación del 30,6% (una tasa no muy diferente a la relevada por el Indec), y entre los no asalariados, la falta de aportes afectaba al 76,1%.

La magnitud del problema se refleja muy bien en la información sobre ingresos. Mientras que en el segundo trimestre de este año el salario promedio de los empleados en blanco rondó los $...

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