Belgrano se defendió entre los tres postes

 
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Primero fue un cabezazo de Santiago Silva en el travesaño. Luego una tijera de Melano en el palo derecho. En el segundo tiempo, otro remate de cabeza, de Nicolás Aguirre, en el límite horizontal. La estadística arrojará otro cero a cero. Otro partido discreto. Pero qué diferente pudo haber sido todo si Belgrano no hubiera tenido la complicidad de los postes en tres jugadas determinantes. Está claro que Lanús mereció mejor suerte.

A veces es el destino el que no deja que el espectáculo ofrezca algo más atractivo. Si alguna de las jugadas mencionadas terminaba con la pelota dentro del arco, es posible que los cordobeses no se hubieran refugiado tanto, proponiendo apenas unas pocas salidas de contraataque. Tal vez Lanús podría haber encontrado algo más de espacios para abrir el juego, para darle vuelo colectivo a su juego en vez de tanto empeño individual estéril.

Demasiadas suposiciones. Pero necesarias para explicar que el producto final, este partido discreto, tuvo buenas intenciones, aunque con poca convicción para concretar lo que los intérpretes pretendían.

Y si tenemos en cuenta que el miedo a la derrota manda en el fútbol argentino, se entiende porqué los protagonistas terminaron "contentos" y "conformes", mientras que la mayoría del público habrá llegado a su casa sin recordar casi nada del...

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