Una batalla con la mira en 2019

Anoche, la Cámara de Diputados dirimía una batalla más trascendente que la sanción (o no) de una nueva ley previsional. Esta cuestión quedó en un segundo plano; la verdadera batalla entre oficialistas y opositores es por el liderazgo político rumbo a las elecciones de 2019. Aprobar la ley significa, para el Gobierno, ratificar su capacidad de mando, clave para garantizar la gobernabilidad en los próximos dos años. Voltear la ley significa, para la oposición, la oportunidad de revertir su condición de perdedora en las urnas y de reconvertirse en una opción electoral para 2019.

Esta pelea es de tal envergadura que, en las calles, se tradujo en episodios de una violencia como no se había visto desde la crisis de 2001. De un lado, manifestantes encapuchados y violentos con piedras, hierros y palos decididos a impedir el debate; del otro, cientos de agentes que trataban de evitar que llegaran el Congreso, repeliendo los ataques con gases lacrimógenos y balas de goma.

Del total de heridos, más de medio centenar fueron policías, que enfrentaron lluvias de piedras y bombas molotov.

En el recinto, oficialistas y opositores libraban su propia batalla. La oposición, encarnada en el kirchnerismo, el Frente Renovador y la izquierda, apeló a todos los artilugios parlamentarios para levantar la sesión. De hecho, la discusión del proyecto propiamente dicho empezó después de cinco largas horas de chicanas y acusaciones cruzadas. Acusaciones que llegaron al punto de acusar al Gobierno de instigar la violencia de ayer por medio de dirigentes infiltrados en la movilización para justificar la sanción de la nueva reforma.

El oficialismo soportó los insultos para impedir que se reeditara el espectáculo del jueves pasado, cuando la sanción de la ley fracasó por los desmanes en el recinto. Este gesto fue, tal vez, una de las pocas actitudes...

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