Barenboim

 
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Cualquiera imaginaría a Daniel Barenboim rodeado de un ejército de asistentes. Sus compromisos al frente de la Staatsoper de Berlín, sus obligaciones como director musical del Teatro alla Scala y su papel al frente de la West-Eastern Divan Orchestra bastarían para alentar esa presunción. Sin embargo, si Barenboim necesita cambiar el horario previsto para una entrevista, insistirá él mismo varias veces por teléfono, sin mediación, hasta dar con quien debía entrevistarlo. Y lo hará, con completa naturalidad, desde cualquier lugar del mundo, que en este caso es Milán. Hay ahí un indicio de la manera en que el maestro entiende la relación con los otros. Quien habla con él siente enseguida que se prolonga una conversación sobre temas pendientes iniciada hace tiempo y que podría, además, prolongarse en cualquier ocasión. En el diálogo, la inteligencia siempre en movimiento de Barenboim, su espíritu fáustico, se concentra por completo en el asunto que la ocupa. No es reticente con el tiempo; o más bien, se toma todo el tiempo que el asunto en cuestión le demanda.Se siente aquí una forma de la generosidad, su variedad más valiosa. Es también un artista del diálogo cuya curiosidad no es menor que la de quien lleva adelante la entrevista. Para decirlo en pocas palabras: no contesta preguntas; conversa.Lo que vuelve fascinante la conversación con Barenboim es la manera en la que, al hablar de música, pone al desnudo su inteligencia. Su humanismo crítico se atarea también sobre fenómenos no musicales, que él trata como si lo fueran; inversamente, de cada cuestión musical logra extraer una consecuencia que apunta más allá de ella. Edward Said habló una vez de Glenn Gould como de un "virtuoso intelectual". Barenboim también es un músico intelectual, uno de esos de lo que hubo poquísimos en el pasado y no queda casi ninguno en el presente.Claro que conocer a Barenboim supone comprender sobre todo el modo en que proyecta su inteligencia sobre el piano y sobre la orquesta. Hay ciertos repertorios en los que el intérprete deja inscripta su autobiografía, dibuja su figura en el tapiz. En el caso de Barenboim, podría decirse eso de sus lecturas de las sinfonías de Anton Bruckner, por ejemplo, o de las episódicas integrales grabadas o en vivo del ciclo de sonatas y conciertos de Beethoven. Además, desde el domingo de 3 agosto, actuará en Buenos Aires en una serie memorable de conciertos que tendrán como núcleo el reencuentro con su amiga Martha Argerich, pero incluirán también presentaciones con la Orquesta del Divan, para el Teatro Colón y para el Mozarteum Argentino, una versión de concierto de partes de Tristán e Isolda y una colaboración con Les Luthiers en La historia del soldado de Igor Stravinsky.En una oportunidad, el director Sergiu Celibidache contó que había ido a escuchar una noche tras otra la Quinta de Beethoven dirigida por Wilhelm Furtwängler y que siempre había sido distinta. Era, evidentemente, el formidable arte de la repentización de Furtwängler. ¿Pero qué busca un músico cada vez que se enfrenta con la misma pieza? "Ésa es la grandeza de la...

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