Barack Obama: 'El Papa logra que la gente se ponga a pensar y a rever hábitos'

 
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El Papa nos desafía. Nos ruega que nos acordemos de la gente, de la familia, de los pobres. Nos invita a detenernos a reflexionar sobre la dignidad del hombre.

para entender que podemos vencer en la lucha contra la pobreza extrema y limitar los desequilibrios en la distribución del ingreso. Al interpelarnos constantemente sobre el tema de la justicia social, el Pontífice nos abre los ojos al peligro de acostumbrarnos a las desigualdades extremas, hasta aceptarlas como algo normal.

En una intensa semana de encuentros y escalas internacionales, el presidente de Estados Unidos, , respondió anteayer, en Bruselas, a las preguntas del Corriere della Sera,

con el .

-El Papa pide un compromiso global contra la pobreza y señala que el desafío crucial de nuestra era es la batalla para reducir las desigualdades extremas en la sociedad. ¿Qué tipo de esfuerzo en común es posible entre usted y el Papa?

-El Pontífice es una inspiración para la gente en todo el mundo por su compromiso con la justicia social y su mensaje de amor y compasión, especialmente hacia las personas que son más pobres y vulnerables. Él no se limita a predicar el Evangelio: lo vive. A todos nos conmueven su humildad y sus actos de misericordia. Su testimonio, el simple hecho de ir siempre en busca del contacto con los últimos, con lo que viven en condiciones más difíciles, tiene también el valor de un reclamo: nos recuerda que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad individual de llevar una vida recta y virtuosa. Nosotros sabemos que, debido a su elevada autoridad moral, cuando el Papa habla, sus palabras tienen un peso enorme. Éste es el motivo por el cual me referí a él en mi discurso sobre los desequilibrios en la distribución del ingreso. Durante las últimas décadas, Estados Unidos vivió un fuerte crecimiento de la brecha entre lo que ganan los más ricos y los ingresos de la familia de clase media. También se volvió más difícil para los buenos trabajadores ascender en escala de bienestar y garantizar una mejor calidad de vida para ellos y sus familias. Y, por cierto, éste no es un problema exclusivamente norteamericano: es un tema que aparece en muchos países del mundo. No se trata de un problema solamente económico. En el fondo, es un problema ético. Yo creo que con su interpelación constante, el Papa nos abre los ojos al peligro de acostumbrarnos a las desigualdades, de habituarnos a ese tipo de inequidades extremas hasta el punto de aceptarlas como algo normal. Es un...

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