Un balance parcial, con más nostalgia que ilusión

 
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Calló algunas cosas y dijo otras sin decirlas. Fue http://www.lanacion.com.ar/1668548-frases-imperdibles-discurso-cristina-kirchner-perlitas-detalles

, con más nostalgia que ilusión, que dejó rastros inconfundibles de cierta conciencia de la debilidad política. No fue la de arengas en llamas ni tampoco una presidenta http://www.lanacion.com.ar/1668532-discurso-de-cristina-kirchner-en-el-congreso-nacional

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Los demonios del momento son los empresarios, es cierto, porque la supuesta codicia de ellos le permite no nombrar la palabra prohibida: inflación.

Tampoco se olvidó de su perpetua obsesión con los jueces, a quienes usó para culparlos de un viejo defecto kirchnerista: el insoportable desorden en calles, plazas y rutas del país.

La languidez del discurso dejó con muy pocos motivos para reaccionar a una nutrida militancia perfectamente movilizada. Escasearon los aplausos y los estribillos. Como si hubiera muy poco para festejar. El ritmo de la multitud siguió la cadencia presidencial.

Cerca del 80 por ciento del monólogo ante la Asamblea Legislativa lo dedicó a recordar supuestos brillos de un pasado que no se repetirá. Fue también contradictoria. Comparó varias veces la situación actual con la de 2003, pero sólo recordó aquel contexto de ruinas cuando le convenía. Todos los datos de la economía son necesariamente mejores que los de ese año de destrucción. Además, desde 2003 hasta ahora pasaron años de inmejorables condiciones en la economía internacional para la Argentina.

Hizo dos anuncios que cambian polémicas políticas suyas. Uno fue la mayor distancia que tomó con el acuerdo con Irán, a cuyo gobierno culpó de demorar el cumplimiento del pacto. Fue más allá: les pidió a propios y extraños una política alternativa a ese acuerdo. Nadie debería sorprenderse si la próxima alusión presidencial a Irán consistiera en la denuncia lisa y llana del acuerdo. Está preparando el terreno. La distancia con Irán forma parte de un cambio de su política exterior, que acompaña el cambio de la política económica. Es la conclusión de sus decisiones concretas, aunque la Presidenta nunca habló explícitamente de tales modificaciones.

Fue moderada hasta cuando habló de Venezuela. "No vengo a apoyar al gobierno de Venezuela ni a Nicolás Maduro", dijo de entrada, lejos de la mandataria que alguna vez estuvo más cerca del ALBA que del resto de América latina. Defendió las elecciones democráticas en Venezuela (cómo no hacerlo), pero omitió cualquier referencia a...

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