Un atajo para evitar la fractura sindical

La descomprimirá su interna con una movilización a la Plaza de Mayo, de la que podría salir la fecha del segundo paro nacional contra la gestión de Mauricio Macri. Resultó ser el atajo para evitar una fractura, en tiempos en los que el Gobierno teje en secreto una reforma laboral con otros actores sindicales que están hoy alejados de la central obrera.

El Gobierno postergó el debate legislativo de una eventual reforma laboral a la espera de una configuración más favorable del Congreso y al nuevo mapa opositor que se dibujaría tras las elecciones de octubre.

En forma paralela, lejos de observar con pasividad el posible reordenamiento, activó por diferentes vías un plan para reducir los costos laborales y la conflictividad, y así atraer inversiones externas. Selló ya acuerdos sectoriales con los gremios petroleros, portuarios y de las industrias automotrices, textiles y láctea. La intención oficial es expandir este tipo de tratos para escenificar cierto consenso antes de avanzar en cualquier cambio quirúrgico de la legislación laboral, que, de concretarse, en el Ministerio de Trabajo aseguran que sería más light que la reforma que se concretó en Brasil el mes pasado.

El Gobierno moldea su propia reforma a partir del consenso de un sector gremial y empresario. El borrador contempla hasta ahora el blanqueo laboral, con exención de cargas patronales y beneficios impositivos para los empresarios que registren trabajadores; el regreso de las pasantías; una ampliación de la licencia por paternidad de dos a 14 días, y una suerte de flexibilización de las desvinculaciones laborales, quizás el punto que despierta mayor rechazo entre los sindicalistas.

En tren de impulsar estos cambios, en el mismo momento que la CGT debatía ayer su alineamiento con la Casa Rosada, los ministros Jorge Triaca (Trabajo), Rogelio Frigerio...

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