Las Aspirantes: mujeres (in)visibles de Malvinas. Entrevista a Gretel Suárez y Nancy Stancato

Páginas191-203
Fecha01 Enero 2025
Fecha de publicación01 Enero 2025
AutorPablo Francisco Gullino,Melisa Antonella D'Alessandro
MateriaCiencias sociales
Malvinas en Cuesón | N.° 4 | 2025 | ISSN 2953-3430
Las Aspirantes: mujeres (in)visibles de Malvinas
Entrevista a Gretel Suárez y Nancy Stancato
Pablo Francisco Gullino, Melisa Antonella D´Alessandro
Malvinas en Cuesón, 4, e029, Entrevistas, 2025
ISSN 2953-3430 | hps://doi.org/10.24215/29533430e029
hps://revistas.unlp.edu.ar/malvinas
Universidad Nacional de La Plata
La Plata | Buenos Aires | Argenna
Las Aspirantes: mujeres (in)visibles de Malvinas
Entrevista a Gretel Suárez y Nancy Stancato
Esta obra está bajo una Licencia Creave Commons
Atribución-NoComercial-ComparrIgual 4.0 internacional
Las Aspirantes: (In)visible Women of Malvinas
Interview with Gretel Suárez and Nancy Stancato
Melisa Antonella D´Alessandro
melisadalessandro@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5300-7415
Universidad Nacional de General Sarmiento
Argentina
Pablo Francisco Gullino
pablogullino@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3843-662X
Universidad Nacional de General Sarmiento
Argentina
Fecha de publicación: 24 de junio de 2025
Resumen
Entrevista realizada en mayo de 2024 con Gretel Suárez, directora del documental Las
Aspirantes (2017), y Nancy Susana Stancato, una de sus protagonistas. En el documental,
Gretel narra la experiencia de un grupo de enfermeras aspirantes navales durante la Guerra
de Malvinas. La mayoría de ellas, menores de edad, además de atender a heridos y brindar
cuidados durante el conflicto, enfrentaron abusos y maltratos por parte de las autoridades
militares. Nancy, una de las aspirantes de la carrera de Enfermería Naval, nos brinda un
amplio testimonio que permite tener un acercamiento sensible a la historia de las mujeres de
Malvinas.
Palabras clave
memorias, documental, Malvinas
Malvinas en Cuesón | N.° 4 | 2025 | ISSN 2953-3430
Esta obra está bajo una Licencia Creave Commons
Atribución-NoComercial-ComparrIgual 4.0 internacional
Abstract
Interview conducted in May 2024 with Gretel Suárez, director of the documentary Las
Aspirantes (2017), and Nancy Susana Stancato, one of its protagonists. In the documentary,
Gretel narrates the experience of a group of naval nursing trainees during the Malvinas War.
Most of them, minors, in addition to assisting the wounded and providing care during the
conflict, faced abuse and mistreatment by military authorities. Nancy, one of the trainees in the
Naval Nursing program, provides a comprehensive testimony that allows for a sensitive
approach to the history of the women of the Malvinas War.
Keywords
memories, documentary, Malvinas
DIRECCIÓN: Gretel Suárez
AÑO: 2017
ENTREVISTADAS: Nancy Stancat o,
Claudia Patricia Lorenzini, Virginia
Bonilla, Nancy Castro, Sonia Bonino
y Alejandra Rossini
Realizado en el marco de los talleres
de la Escuela de Experimentación y
Realización Cinematográfica
(ENERC), dependiente del Instituto
Nacional de Cine y Artes Audiovisua-
les (INCAA)
Disponible en CINE.AR y YouTube
FICHA TÉC NICA
Malvinas en Cuesón | N.° 4 | 2025 | ISSN 2953-3430
Presentación
En mayo de 2024, realizamos una entrevista con Gretel Suárez,
directora del documental Las Aspirantes (Suárez, 2017), y Nancy
Susana Stancato, una de las protagonistas del cortometraje. La
entrevista abordó el papel de las mujeres en las guerras a lo largo de
la historia y exploró el impacto del trabajo de Gretel en visibilizar las
experiencias de estas mujeres.
Gretel Suárez, formada en Realización Cinematográfica en la Escuela
Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC),
filmó el cortometraje Las Aspirantes como parte de su tesis
documental. El mismo narra la experiencia de un grupo de enfermeras
aspirantes navales durante la Guerra de Malvinas. La mayoría de ellas,
menores de edad, además de atender a heridos y brindar cuidados
durante el conflicto, enfrentaron abusos y maltratos por parte de las
autoridades militares. Como directora, Gretel destaca la gran
responsabilidad que siente al tratar una temática tan importante para
las mujeres de Malvinas.
Por su parte, Nancy Stancato, una de las aspirantes de la carrera de
Enfermería Naval, nos brindó un amplio testimonio que permite tener
un acercamiento sensible a la historia de las mujeres de Malvinas.
Durante más de tres décadas, mujeres como Virginia Bonilla, Claudia
Patricia PatoLorenzini (fallecida en 2017), Nancy Stancato, Sonia
Bonino, Ale Rossini y muchas otras valientes, fueron ignoradas por la
historia y desconsideradas por la ciudadanía. El documental busca
romper el muro de silencio y lograr el reconocimiento que estas
veteranas merecen.
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Gretel Suárez: El documental Las As pirant es nace en el mar co del
ENERC. Éramos, en aquel entonces, todos estudiantes y nos
solicitaron realizar un cortometraje que no durase más de 15 minutos.
Nuestro guionista había visto una noticia en Infobae muy amarilla, con
un título muy amarillo, que decía una barbaridad tremenda sobre una
de las compañeras de Nancy, y preguntó: Che, ¿por qué no hablamos
de esto?”.
En ese momento, no entendía por qué nadie sabía que durante la
Guerra de Malvinas hubo mujeres que prestaron servicios. El interés y
la curiosidad en el tema nace desde ahí. ¿Cómo es que nadie sabe
todo esto? Estas cuestiones no se dan en la escuela. Entonces,
empezamos a rastrear por las redes sociales y ahí di con Claudia
Patricia Lorenzini, nuestro primer contacto. Tuvimos nuestra primera
charla para empezar a construir este documental. Nos invitaron a una
marcha en la que iban a desfilar y fuimos con las cámaras y los
micrófonos para registrar. Generamos un montón de material, pero
solo teníamos 15 minutos para poder contar.
Nancy Stancato: Entré a la Marin a c on 16 años recién cumpli dos.
En 1982 tenía 17 años, así que soy de la segunda promoción de
mujeres militares. Mi papá era bombero de policía. Estábamos en
plena época militar, entonces, por el clima de violencia de la época, yo
no podía salir porque mi familia tenía miedo de que me pasara algo.
Estaba encerrada en casa todo el tiempo.
Un día vi una publicidad con mujeres marchando con uniforme, con
armas. ¡Todo lo que hacían los varones!. Entonces me dije: Yo quiero
hacer eso”. Insistí mucho hasta que mi papá lo aceptó y fue mi mamá
quien me acompañó a la sede donde me avisaron que había que rendir
dos exámenes: uno psicofísico y otro de cultura general. De todas las
que nos anotamos de La Plata, entramos solo cuatro. Aprobamos y
éramos un grupito donde la mayor tenía 21 años. El resto éramos
menores.
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Llegué a mi casa y, a pesar de que faltaban varios meses, yo ya quería
armar la valija. ¡Y eso que nunca había dormido afuera de mi casa! Ahí
fue cuando los vecinos me ayudaron a comprar todo para que pudiera
ir: zapatillas, vestidos, zapatos con taco, etc. Las cosas que me pedía
la Armada. Cuando me fui, el barrio entero me organizó la despedida.
¿Cómo fue la vida al llegar a la Base?
Nancy: Cu ando llegamos h abía una lluvia tor ren cial. Muchas
venían de Salta y de Jujuy. Pero también de Misiones y hasta de Tierra
del Fuego o Neuquén. Tenía pánico porque nos gritaban mucho y a
nunca me habían maltratado. Esos primeros 45 días de instrucción la
pasamos muy mal. No nos quería nadie, no querían mujeres ahí. La
Marina es un lugar de hombres.
Ustedes eran apenas la segunda generación de mujeres, ¿no?
Nancy: As í es. Durante 45 días teníamos que pasar por un períod o
selectivo preliminar (PSP) donde solo recibíamos instrucción militar,
orden cerrado (cuerpo a tierra, carrera a mar, salto rana, etc.),
natación, tiro, remo, etc.
La instrucción militar generalmente era en médanos, donde había
muchas rosetas que con cada cuerpo a tierra nos hacían lastimar
manos y rodillas. A medida que fueron pasando los días, las que
teníamos el pelo largo fuimos pidiendo a nuestras compañeras que nos
lo cortaran, ya que solo nos daban tres minutos para bañarnos.
Después de la jura a la bandera, nos dejaron ir una semana a casa.
Fue hermoso volver, pero a los 3 días yo quería volver a la Base con
mis amigas. Aparte, ya no me sentía parte de la vida de mi casa. No
me dejaban hacer nada, ni la cama. Me sentí una visita en mi casa. Es
que ya me había hecho una familia con mis compañeras. Se
transformaron en las amigas que no habían tenido afuera.
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¿Cómo era tu uniforme?
Nancy: Recu erdo qu e a veces nos reíamos c on l as chicas y
decíamos que lo primero que nos enseñaron en la Marina fue a robar.
Si te faltaba algo del uniforme, como el birrete, nos castigaban, pero no
solo a la que estaba en falta, sino a todas. Así que la que perdía el
birrete, tenía que robar otro birrete.
Dos días antes del juramento de la bandera, nos entregaron los
uniformes de gala y eso nos llenó de emoción. Después, empezamos
con las guardias médicas, aunque en realidad estábamos más de
secretarias, tomando notas, porque aún no sabíamos mucho y no
habíamos visto muchas cosas de enfermería.
Nuestra tarea consistía en registrar la entrada y salida de cada
persona en el alojamiento. También hacíamos guardias médicas,
teníamos un puesto de trabajo en el hospital, íbamos a la escuela de
enfermería, hacíamos instrucción militar. Así que estábamos
constantemente ocupadas. Nunca teníamos tiempo para descansar.
Durante el conflicto de Malvinas, en 1982, no salimos de la Base ni los
fines de semana. Teníamos poca comunicación con nuestros viejos.
Muchas veces pasamos de dos a tres días sin poder ir al alojamiento,
ni a ducharnos ni a descansar.
Con respecto a la medicina, ¿cómo empezaste a sentir que era tu
vocación?
Nancy: En real idad, yo pensaba ser veter inaria. Cu ando volvimos
y empezamos con las guardias médicas empecé a dar inyecciones
intramusculares, a tomar los signos vitales.
Mi primer puesto de trabajo fue en Urología, con 16 años, y con mi
compañera, que también tenía 16 años. No sabíamos nada de nada.
Pero ahí encontré la vocación, ¿entendés?. Cuando empecé a tratar
con los pacientes. Eso despertó mi vocación. La enfermería es así,
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demanda mucho. Te perdés muchas cosas de tu vida: los cumpleaños
de tus hijos, de tus padres, las fiestas de fin de año, todo. A pesar de
estos sacrificios, sentirte necesaria y casi imprescindible es una
vocación que te llena por completo. Por eso, cuando ingresé como
aspirante, me enamoré de la enfermería.
Nos costó mucho soportar el maltrato de los hombres, nos resultó
extremadamente difícil porque no entendíamos por qué éramos
tratadas tan mal. Parecía que no nos querían para nada. Por ejemplo,
había un oficial que, cuando salíamos en formación a las 10:00 de la
mañana, nos miraba y decía: "Ustedes, el paso está mal. Vuelvan
dentro de dos horas." Luego, decía: "A ver, ustedes, tienen la gorra
torcida, váyanse de nuevo." Y así, a veces, nos mantenían en esas
idas y venidas hasta su cambio de guardia.
En 1982 el hospital empezó a vaciarse. Primero vaciaron la sala de
neonatología y maternidad. Nos dijeron que era para arreglarla y
organizarla mejor. Empezaron a pintar y a hacer reparaciones, y a
medida que las salas se iban vaciando, también notamos cambios en
el personal.
Cuando nos dijeron que recuperamos las Malvinas, sentimos una
alegría indescriptible. Nadie pensaba que los ingleses vendrían. Ese
era el comentario general: Los ingleses no vendrán”, casi todo el
mundo estaba tranquilo. Pero, en los 15 días posteriores al inicio del
conflicto, empezaron a llegar los primeros pacientes con pie de
trinchera.
Y esa también era una realidad dolorosa para nosotras. Yo me convertí
en mujer de un día para otro, para poder enfrentar estas situaciones.
Soldados de Misiones, Entre Ríos, con pie de trinchera grave. Y eso
pasaba porque, según nos contaban, el cabo de guardia o el oficial los
habían parado en un charco durante varias horas. Los paraban ahí,
para castigarlos.
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A otros, se les producía pie de trinchera por el frío, por no tener la
vestimenta adecuada para ese clima, porque al hacer las trincheras
para refugiarse, el agua brotaba y debían permanecer en ese espacio
que era su refugio. Lo que no creo es que hubiera justificación para
después perder las piernas. Habían ido con el mismo equipo que
teníamos nosotros. O sea, dos pares de medias, una camiseta manga
larga, una camiseta manga corta, la ropa de fajina, la ropa de
gimnasia, el gabán.
Durante 29 años mantuve ese recuerdo borrado de mi mente,
intentando seguir adelante con mi vida y olvidar Malvinas. Yo hice mi
vida y todo. Sin embargo, con el tiempo, empecé a entender mejor lo
que sucedió, aunque aún puede que me equivoque. Es un proceso
complejo de asimilar y todavía estoy tratando de reconciliarme con
esos recuerdos. Entonces, de repente, empezaron a llegarme
mensajes. Creo que estoy en la peor parte de mi crisis ahora, porque
cada 4 o 5 meses me atacan los nervios y me enfermo del estómago,
termino internada y deshidratada. Estoy buscando una manera de
manejarlo.
Antes, nunca hablaba de Malvinas en terapia, ni siquiera con mi familia
o en el trabajo. Sin embargo, ahora, empecé a escribir sobre ello.
Quiero que escribamos un libro con mis compañeras, pero ninguna
quiere participar; hemos vivido cosas terribles que muchas prefieren
olvidar. A pesar de eso, siento la necesidad de contar nuestra historia.
Así que he comenzado este proyecto, aunque sea sola.
Bueno, les cuento. Uno de los chicos que atendí estaba sufriendo de lo
que llamamos pie de trinchera”. Para aliviar su dolor, le pusimos un
arco sobre los pies para que las sábanas y frazadas no los tocaran, ya
que el sufrimiento que describía era terrible. Nosotras raspábamos la
piel hasta que sangraba y luego comenzaba a curarse. Ese proceso se
repea, raspando de a poco, hasta que la piel empezaba a sanar.
Había casos en los que la infección llegaba a requerir amputaciones y,
en otros casos, llegaban a perder la pierna porque se había
gangrenado.
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Lo más duro era que no teníamos a nadie que nos contuviera.
Estábamos solas, sin nadie mayor que nos brindara apoyo emocional.
¿Recordás algún caso especial de los pacientes de esa época?
Nancy: Conocí a un herido que me dij o qu e le tapar a los pies
porque tenía frío. Le respondí que estaba bien, pero cuando intenté
taparlo, noté que le habían amputado las dos piernas. A mí no me
informaban de estas cosas, no me decían: Vamos a hacer
determinado procedimiento”, simplemente seguíamos las órdenes de
las enfermeras profesionales y médicos. Cuando este chico volvió a
decir que tenía frío, le respondí que ya lo había tapado.
Más tarde, un teniente médico le explicó la situación. Entramos juntos
y le dijeron al chico que tenían dos noticias: una buena y una mala. La
buena noticia era que, por su desempeño en la guerra, le iban a
regalar un televisor a color. La mala noticia era que le habían tenido
que amputar ambas piernas. Imaginate, el ataque de nervios que tuvo
fue terrible, no podíamos calmarlo. Finalmente, lo sedaron, pero
necesitaba vigilancia constante porque intentaba tirarse de la cama y
no quería comer.
Una vez, mi compañera llegó tarde y empezamos a discutir delante de
él. Sorprendentemente, se sonrió, y aprovechamos ese momento para
darle de comer. Todos los días preparábamos alguna discusión distinta
para hacerlo reír y así lograr que comiera. Poco a poco, empezó a
recuperarse. Ese chico ni siquiera debería haber hecho el servicio
militar, era el único sostén de su familia. Vivía con su madre y tenía
dos hermanas pequeñas. Te juro que no sé cómo lo hacíamos, pero
estos chicos llegaban con la mirada perdida, como muertos en vida.
Encima, desde el 2 de abril en adelante nos cortaron el franco, no
saamos y la correspondencia a nuestras familias llegaba censurada.
También nos llegaba censurada la que nuestros padres nos enviaban.
Les ponían una tinta que hasta ahora no sé qué carajo era porque no
se puede ver ni a trasluz.
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Durante la guerra fue, claramente, cuando más trabajo tuvimos. El
hospital, por ser el más grande de Sudamérica, fue elegido para ser el
hospital de clasificación de heridos, que después eran trasladados a
hospitales de la fuerza que les correspondía. La situación de
movimiento era constante: salía un paciente y entraba otro. Nunca
sabíamos cuándo se podía recibir más heridos. Estábamos en una
rotación continua de trabajo, con heridas de todo tipo. Por esquirlas,
pie de trinchera, hipotermia, neumonías, apendicitis, heridos de bala,
de todo.
El único lugar en el que podíamos llorar era el baño. Allí nos
reuníamos, nos abrazábamos y encontrábamos consuelo entre
nosotras, ya que éramos de la misma edad y compartíamos el dolor.
Luego, debíamos recomponernos, poner una cara amable y seguir
atendiendo a los pacientes con una sonrisa. Chicos de casi nuestra
edad, encima. Por eso, a pesar de todo, tratábamos de hacer lo mejor
para ellos.
Les escribíamos cartas a quienes no sabían escribir y se las
mandábamos a sus padres, avisando que estaban en el hospital.
Durante la noche, con cospeles para el teléfono, afuera de la cantina,
hacíamos los llamados. Una de nosotras, por ejemplo, tenía el número
de teléfono del almacén de su pueblo. Nosotras hacíamos llamadas
desde el teléfono de la cantina y la información se transmitía hasta que
su familia supiera que estaba bien. Era una forma de mantenernos
conectadas y darles un poco de alivio a quienes estaban lejos de sus
seres queridos.
Nosotras terminamos en diciembre de 1982 de atender a heridos de la
guerra. Daniel Paredes fue el último herido que atendimos. En ese
momento, el personal civil de la Armada fue asignado a la parte de
infecciosas, mientras que los militares heridos seguían siendo
atendidos en esa área. Nunca paramos; podíamos pasar dos o tres
días sin dormir.
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Mis compañeras y yo estábamos allí durante la noche, y cuando
regresé a casa después del conflicto, les conté que me habían dado la
baja. Para mis padres, especialmente para mi mamá, fue un alivio, ya
que ella había estado muy preocupada durante el conflicto de
Malvinas. Me encuentro con gente que dice: Ay, me hubiese gustado
estar allí”. Y yo les respondo: No tenes idea de lo que te salvaste”. No
había un solo chico que regresara bien; todos volvían con alguna
secuela. Algunos perdieron amigos, otros una pierna, y muchos vieron
sus vidas destruidas. La adaptación a la vida después del conflicto fue
extremadamente dura.
Nos gustaría preguntarte sobre el documental y tu trabajo con
Gretel. ¿Cómo ves la importancia del formato audiovisual en este
proyecto? ¿Considerás que el documental es útil para dar a
conocer la historia de ustedes?
Nancy: Sí, totalmente. Movil iza. Cada v ez q ue s e p res enta el
documental yo trato de ir porque siempre hay gente que se interesa
por eso, porque no conoce la historia.
Gretel: Voy a contar una cosita chiqui ti ta d e cu and o em pezamos a
hacer el documental. Nosotros, obviamente, no solamente acudimos a
ellas. Muchas personas participaron en el documental, algunas más
que otras. Investigamos a otras enfermeras e instrumentistas para
ofrecer una visión completa de la experiencia de las mujeres en
Malvinas. Queríamos presentar no solo un punto de vista, sino
múltiples perspectivas, abarcando diferentes roles y experiencias.
Cuando les comunicamos a las aspirantes de Puerto Belgrano, que
estaban involucradas en enfermea y otras tareas, que participarían en
el documental, algunas se negaron. En particular, una de ellas expresó
que no quea compartir pantalla con otras, evidenciando las tensiones
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internas que existían en la reconstrucción de la historia. Esta situación
me hizo tomar una decisión clara como directora: enfocarnos en las
voces que deseaban ser escuchadas, en lugar de aquellas que se
sentían incómodas con la exposición.
Había un gran foco en las voces de quienes fueron reconocidas o
estuvieron cerca de las islas, pero queríamos dar visibilidad a las
aspirantes que, a pesar de su valiosa contribución, a menudo eran
pasadas por alto. Decidimos ofrecerles un espacio en el documental, y
estamos muy contentos con esa decisión. El equipo ha visto cómo,
incluso años después de la filmación —realizada en 2016 y 2017,
estas mujeres siguen comunicándose con nosotros, visionando el
documental y participando en discusiones sobre sus experiencias.
El documental ha servido como una herramienta para que ellas puedan
expresar sus vivencias sin tener que repetir constantemente lo que
vivieron. Esto ha permitido que sus experiencias sean reforzadas y
reconocidas en primera persona. Así, este cortometraje no solo
proporciona visibilidad a las historias de las mujeres de la Marina
durante ese tiempo, sino que también contribuye a que las nuevas
generaciones reconozcan y valoren su labor, que fue en gran medida
ignorada por la historia oficial.
Estoy realmente feliz de que Nancy esté aquí hoy. Para ella, contar su
historia ha sido un desafío, así que es un honor que Pablo y Melisa
ahora tengan un material único.
¿Por qué creen que hubo este silenciamiento?
Nancy: Cr eo que gran part e del p ro blema es que ér amo s meno res
de edad y no estábamos recibidas, éramos estudiantes de enfermería.
Y aun así tuve que estar a la altura de las circunstancias. Hice suturas,
atendí heridas y participé en la rehabilitación. A menudo se minimizaba
nuestro trabajo. Había momentos en los que sacábamos fuerzas de
donde no sabíamos para cumplir con nuestras tareas. A veces, no
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entendemos cómo logramos enfrentar esas situaciones extremas. Aún
hoy, después de años de terapia, no he hablado mucho de Malvinas
porque me prohibieron hacerlo en su momento.
Recientemente, una agrupación de mujeres me ha invitado a eventos
para hablar sobre el rol de las mujeres en Malvinas. Sin embargo, al
mencionar a las enfermeras de Malvinas, se tiende a excluir a las
aspirantes, como si no hubiéramos tenido un papel significativo. En la
última invitación, una jueza mencionó que las enfermeras deberían ser
reconocidas, pero no se incluían las aspirantes en la definición.
Un veterano siempre dice que, según el Tratado de Ginebra, a donde
va un herido se traslada la guerra. Finalmente, en el hospital de niños
conseguimos que se reconociera a las aspirantes y enfermeras de
Malvinas como tales, y no solo como "enfermeras de Malvinas" sin
distinción.
Gretel: Desde mi lugar de realizado ra q uiero agradecerles por es ta
entrevista, porque, como bien dije, desde su creación este documental
se propuso llegar a ser una herramienta, un canal, para que tanto
Nancy como sus compañeras pudieran utilizarlo como hilo conductor y
que, de alguna forma, la sociedad pudiera reconstruir un poco la
historia de voces que todavía no estaban siendo escuchadas y aún hoy
siguen silenciadas. Por eso mismo, me encantó que Pablo me haya
contactado y que hayan tenido el interés de conocer más de la historia.
REFERENCIAS
Suárez, G. (Directora). (2017). Las Aspirantes [Cortometraje]. ENERC,
INCAA. Recuperado el 12 de marzo de 2025 de https://play.cine.ar/
INCAA/produccion/6032
P. F. Gullino y M. A. D´Alessandro / Las aspirantes: mujeres (in)visibles...
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