¿Un ascenso? ¡No, gracias!

 
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Pensado en términos abstractos, el ascenso hubiese significado para Jimena la oportunidad ideal de progreso: pasar de ser la encargada de un importante local de ropa de marca a ser la supervisora de varios locales de la firma. "Me propusieron el ascenso y no acepté -cuenta sin embargo Jimena García, de 39 años-. Ser supervisora implicaba un aumento, pero buena parte iba a ser absorbido por Ganancias, y la ecuación final era negativa: más responsabilidad, más estrés, más esfuerzos y más gastos asociados a mi nuevo puesto a cambio de una diferencia de sueldo real mínima. De hecho, incluso me hubiese convenido pasar a ser la encargada de un local más chico del que tenía a cargo, que tenía una facturación muy importante, ya que cobraba una comisión sobre la venta pero que después de los impuestos dejaba de ser significativa."

Jimena tuvo que optar: crecimiento profesional versus crecimiento económico. En su situación, esas posibilidades eran excluyentes, y fue así cómo optó por la segunda: rechazó el ascenso y prefirió enfocar su esfuerzo a desarrollar un proyecto propio en el tiempo libre que le dejaba su trabajo en el local, proyecto que hoy es su único trabajo. "Desde lo económico fue una buena elección, aunque no lo fue desde lo profesional, ya que hoy no puedo incluir en mi currículum esa posición de trabajo que bien tenía merecida, pero que rechacé porque no me significaba un crecimiento económico", dice convencida de su elección, aunque con un innegable sabor amargo.

Las distorsiones actuales del sistema impositivo -en las que el límite mínimo a partir del cual se comienza a tributar Ganancias es fácilmente superado por sueldos que pelean cabeza a cabeza con los gastos corrientes de cualquier familia-, sumadas al peso de la inflación y de la actualización de las tarifas de los servicios públicos, dieron forma a un escenario laboral en el que un concepto tan básico y constitutivo como el de "progreso" quedó supeditado a una ecuación personal más compleja. Muchos toman la noticia de un aumento de sueldo ya no con alegría, sino con el temor de un significativo impacto en las deducciones que experimentarán en el transcurso del año; otros ya ni piensan en solicitar un ascenso, si esa promoción implica mayores responsabilidades a cambio de una mejora tan sólo nominal, e incluso quienes sólo disponen de hacer horas extras para incrementar sus ingresos prefieren invertir su tiempo de alguna forma que sea realmente productiva o gratificante en lo personal.

Cuando el progreso es sólo aparente surge "la carrera de la rata": "Es el término que emplean Robert Kiyosaki y otros autores de finanzas personales para describir la sensación que sufren muchos empleados de estar esforzándose continuamente para estar siempre en el mismo lugar, sin mejoras sustanciales, y que puede surgir cuando las empresas otorgan ascensos que no se materializan en un aumento del ingreso real, muchas veces debido a distorsiones fiscales", explica Nicolás Litvinoff, director de Estudinero.net.

"La sensación predominante es la de la injusticia frente a lo...

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