Artistas del delito: el mercado del arte argentino, una puerta abierta al robo

 
EXTRACTO GRATUITO

Ana María y Guido Ravenna no pueden olvidar el cuadro de Ludovico Carracci que tenían en su casa. Tuvieron que venderlo para levantar una hipoteca, se lo llevó un marchand francés por 40.000 dólares y (¿mágicamente?) se revendió a un precio .

: depositaron la obra del creador de El eternauta -junto con Héctor Oesterheld- en una empresa de seguridad bonaerense y (¿mágicamente?) sus cómics, témperas, acuarelas y acrílicos aparecieron en venta en París, Bélgica, Austria?

En estas próximas semanas, se cumplen quince y diez años del caso Ravenna y del caso Breccia, como se conocen los lamentables episodios de fraude y robo ocurridos en Buenos Aires y que, al estilo de guante blanco, no se valen de la violencia, sino de engaños y confusiones. Y que aún no fueron resueltos.

El marchand que sacó del país, de contrabando, el óleo de Carracci -de casi un metro por 1,72- murió en Francia sin haber sido detenido. El cómplice que abrió la bóveda y permitió, en 2005, la salida de la obra de Breccia de la compañía de seguridad aún no fue localizado, y el argentino en cuya casa se encontraron 193 de esos dibujos todavía no fue condenado.

De la misma forma, pasaron casi dos años ya del robo de la máscara mortuoria de Benito Quinquela Martín -que se supo sólo cuando un artista la compró en MercadoLibre por 1500 pesos- y los investigadores desconocen aún cómo salió del Museo que lleva el nombre del pintor boquense esa pieza que, además, no figuraba en ningún inventario. La lista de hechos es larga y pone en evidencia la necesidad de un registro de los bienes culturales que se comercializan en el mercado y la facilidad con la que se concretan negocios turbios en el mercado del arte local.

Los Ravenna no tienen dudas de que fueron víctimas de una doble estafa; primero por los expertos que tasaron el óleo, un pintor que se desconocía hasta ese momento, y luego por un grupo de abogados a los que, "muy mal asesorados", según admiten, cedieron los derechos litigiosos. "Después de que pasan estas cosas, todo el mundo da buenos consejos y dice saber lo que se debería haber hecho. En este tiempo, circularon un montón de versiones, como que nos habían pagado un millón de dólares, y no fue así", aseguró a LA NACION Ana María Ravenna. Y contó que casi dos años antes de la venta, que se concretó en julio de 2000, comenzaron a consultar a galeristas y expertos argentinos, italianos y también estadounidenses sobre el precio en el mercado del autor del cuadro.

"El entonces presidente del departamento de Old Masters de Sotheby's, George Wachter, estuvo en mi casa, le sacó fotos a la obra y después nos envió una cotización de 50.000 dólares. En Nueva York, yo llevé fotos de la pintura a un experto de Christie's que la...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA