El arte de afear

En Buenos Aires crece un nuevo concepto de publicidad en la vía pública a través de imponentes anuncios en fachadas de edificios en construcción o en reparación. Desmesurados telones cubren la totalidad de los frentes y se iluminan por las noches generando un potente y riesgoso impacto visual, que desvaloriza el entorno.Lo curioso es que esta modalidad sea legal y que para su instalación se requiera del aval del Ministerio de Espacio Publico porteño, autoridad que debería velar por el embellecimiento y cuidado del perfil estético de Buenos Aires, no por su vulgarización. Es cierto que es un hecho transitorio y que busca proteger al peatón, pero el período puede extenderse por años y quien vive en un área no comercial puede sufrir frente a su domicilio, la presencia de estas monumentales estructuras "empaquetadas" de modo indefinido. Así, quien tenía una arquitectura de estilo frente a su ventana puede transformarse, de modo repentino, y sin derecho al pataleo, en vecino de un gigantesco bloqueador solar, de una botella de ron, o incluso de un slip de varios pisos de altura. Ya no habita un barrio, sobrevive frente a esa otra modalidad de contaminación.Son pocas las cosas que perjudican más el carácter de una comunidad que la instalación descontrolada de carteles. Es por ello que en las zonas residenciales están limitados y en los lugares donde abundan, el valor de la tierra se ve afectado.En muchos países se ha discutido el potencial de esta modalidad como herramienta de patrocinio para colaborar con la preservación del patrimonio cultural o histórico. Así se la ha...

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