La argumentación de las partes

Autor:Armando S. Andruet
Cargo del Autor:Doctor en Derecho y Profesor Titular de Filosofía del Derecho , Universidad Católica de Córdoba
RESUMEN

I. Argumentación y ética profesional II. Convicción y persuasión del juez III. Condiciones del rétor

 
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I Argumentación y ética profesional

Corresponde ahora que nos refiramos a la argumentación que cumplen las partes en los procesos judiciales, y que como tal se debe señalar que es rigurosamente más rica que la puesta en ejercicio por los magistrados, toda vez que los abogados no se encuentran inmediatamente compelidos a ser absolutamente objetivos en las tesis que en cada caso pueden sostener. Su función, sin con ello entrar en conflicto con la deontología profesional, es la de ser rigurosamente parciales.

La pretensión jurídica -y no meramente judicial o legal- tiene su asiento en la propia conformación de lo justo que ha sido dañado, y al no haber un examen previo de ello por parte del abogado, se trata de un análisis que queda exclusivamente pospuesto para otra etapa histórica ulterior, con el albur posible de que ninguna aproximación con ello termine teniendo462.

Es decir que sólo se puede terminar de reconocer la función social del abogado cuando se tiene antes integrado el concepto de que la realización de la justicia en el caso concreto no puede ser obtenida mediante la sola decisión del juez que la ordene ode los abogados que la pretendan. La resolución judicial es fruto de una gestión alegatoria anterior, y que mientras más honesta y honorable sea la argumentación y los hechos que a ella sostienen y que las partes litigantes van exponiendo a los jueces, es que la resolución judicial podrá ser mejor adecuada al caso y por ello a lo justo en concreto463.

De esto se impone, como cuestión de ineludible análisis, que si bien en algún tiempo se ha discutido o al menos puesto en duda si el abogado debe estar más cerca de los intereses que le correspondan a su cliente antes que a la misma administración de justicia, pues señalamos que por la misma esencialidad que a la profesión invade, el privilegio inexorablemente es a la administración de justicia.

La mencionada misión social del abogado sólo queda comprendida cuando razonablemente, luego del examen atento y siempre provisorio que de la realidad histórica le ha sido impuesto por el consultante, se genera la verosimilitud acerca de la lesión a lo justo conmutativo o distributivo464.

Corresponde puntualizar que el juicio convictivo que el letrado se forma del asunto de su cliente, en manera alguna es definitorio, toda vez que existe un desconocimiento de aquello otro que será sostenido por la contraparte; sin embargo, con la sola parte que le es impuesta y por él conocida, tiene una suficiencia para creer en la pretensión justa de su atendido465. De allí entonces que no debe sorprender, y mucho menos merecerreproche alguno, que deban los abogados defender y sostener tesis opuestas y no obstante mantener que la causa legal para cada uno de ellos, mutatis mutandi, es justa466.

Lo dicho no entra en manera alguna en conflicto con la propia dimensión social que el ejercicio profesional de la abogacía importa, toda vez que lo justo sentencial sin lugar a dudas es una realización compositiva que se ha ido conformando a partir de aportes parciales que las partes en el pleito han ido agregando, argumentando y finalmente probando467. No hay pleitos de uno solo, sino al menos de dos, quienes a la vez tienen una dimensión contraria o contradictoria de la misma cuestión que es sometida a decisión.

Tanto el abogado litigante como el abogado magistrado están implicados en una misma realización de la sociedad política, como es que ella se ordene definitivamente a la justicia legal y conmutativa, y la afirmación del rol social que le atañe a los litigantes pues que pasa por orientar la tarea profesional decididamente cada vez más hacia un ejercicio probo, y cuando el proceder profesional es realizado de tal manera, sin duda alguna que también es bueno.

Al respecto ha señalado Chiovenda que "Más que una profesión (la del abogado), es la suya una función; no ya sólo desde el punto de vista jurídico, sino desde el político social, porque estando colocados entre las partes y los jueces, son el elemento a través del cual las relaciones entre la administración de justicia y los ciudadanos pueden mejorarse, aumentando de un lado la autoridad y de otro la confianza, de lo que depende el progreso de las instituciones procesales"468.

Se debe agregar entonces que dicha argumentación tiene un carácter eminentemente dinámico y también protoplástico, puesto que sin caer en contradicción o incoherencia, el abogado siempre llevará una topografía disímil en cuanta argumentación le corresponda entender, puesto que con sus argumentos deberán los abogados refutar tesis ajenas o sustentar u otorgar firmeza a determinadas posiciones propias que en dicho pleito se puedan considerar valiosas. De cualquier manera, siempre es bueno tener presente, por parte de los litigantes y también de los magistrados, que detrás de los expedientes y papeles judiciales hay personas que como tal sufren por sus penurias judiciales469.

Volvemos a iterar entonces, y para salvar toda duda que al respecto se pueda presentar, puesto que no aspiramos teorizar el razonamiento forense sino que nos ubicamos frente a un problema práctico sustancial, que es el de ¿cómo los jueces habrán de ser mejores jueces?, para lo cual los abogados sin duda que serán un dato propedeútico fundamental.

Con esto queremos también sostener en manera enérgica la desacertada afirmación que ligeramente se hace de que en la profesión de abogado existe una suerte de inmoralidad intrínseca470. Pues donde creemos que la hay, y no dudamos que con alguna notable y triste frecuencia, es en la misma moralidad del abogado que encarna un determinado ethos profesional así signado; por ello es que en la medida en que mejor formado se encuentre el letrado, no sólo en ciencia jurídica sino en filosofía -philosophia perennis est471-, su propio comportamiento serámayormente consecuente con lo honesto y probo. Cuando la profesión es deshonesta, el abogado ha sido mal formado en su conciencia moral, lo cual demuestra también la pérdida evidente de su formación clásica y humanista que no en vano otrora fuera la prenda de distinción de los...

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