La Argentina mostró al mundo su mejor perfil

 
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La reunión del G-20 en Buenos Aires es historia. Para nuestro país, en su carácter de anfitrión, resultó un éxito resonante e indiscutible. Para el presidente Mauricio Macri, también.Con una organización absolutamente impecable, nuestro primer mandatario la condujo desde la sobriedad, con rigurosa seriedad y sin cometer errores. Lo hizo con serenidad y con esa sencillez simple que, por natural, alimenta el optimismo. Más aún, sin buscar nunca obtener réditos personales de una conferencia que tuvo entre sus preocupados asistentes a las dos grandes potencias económicas del mundo, hoy empeñadas en una guerra comercial que, de continuar, podría ser devastadora, mucho más allá de sus actores principales. Por esto, la tregua acordada por los Estados Unidos y China en Buenos Aires proyecta una cuota de esperanza, en el sentido de que los actuales enfrentamientos entre esos dos países podrían de pronto ser reemplazados por fórmulas inteligentes que permitan la reestructuración rápida de la Organización Mundial del Comercio, tarea urgente cuyo inicio no debe demorarse.En el G-20, la Argentina pudo mostrar al mundo el perfil que ciertamente enamora a propios y extraños. Aquel que acerca y atrae. El que, con el paso del tiempo y la continuidad de las conductas positivas, es capaz de construir y proyectar confianza, sin la cual no podremos recoger rápidamente los frutos de la acertada decisión de volver al mundo luego de un período de 12 frustrantes y equivocados años: los del grotesco populismo que penamos bajo la administración kirchnerista.La confianza, recordemos, no se construye ni proyecta sino con el riguroso paso del tiempo. Con conductas sensatas que se adoptan y se mantienen más allá de los avatares circunstanciales, evidenciando coherencia en el andar.Quizá por lo dicho el sugestivo silencio de los líderes opositores ante...

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