"La Argentina tiene que ser defendida”. Entrevista a Jorge Taiana
| Páginas | 163-184 |
| Fecha | 01 Enero 2024 |
| Fecha de publicación | 01 Enero 2024 |
| Autor | Julián Bilmes,Juan Manuel Cisilino |
| Materia | Ciencias sociales |
Malvinas en Cuesón | N.° 3 | 2024 | ISSN 2953-3430
“La Argenna ene que ser defendida” Entrevista a Jorge Taiana
Julián Bilmes, Juan Cisilino
Malvinas en Cuesón, 3, e020, Entrevistas, 2024
ISSN 2953-3430 | hps://doi.org/10.24215/29533430e020
hps://revistas.unlp.edu.ar/malvinas
Universidad Nacional de La Plata
La Plata | Buenos Aires | Argenna
Esta obra está bajo una Licencia Creave Commons
Atribución-NoComercial-ComparrIgual 4.0 internacional
Julián Bilmes
bilmesjulian@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1170-1526
Juan Manuel Cisilino
juanmanuelcisilino@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9546-3187
Universidad Nacional de La Plata
Argentina
Resumen
Entrevista a Jorge Taiana, político y sociólogo, que se desempeñó como ministro
de Defensa de la Nación (2021-2023), senador nacional (2019-2021) y ministro de
Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto (2005-2010), entre otros
cargos.
Palabras clave
Defensa nacional, políticas soberanas, Malvinas, Antártida, Atlántico Sur
Abstract
Interview with Jorge Taiana, politician and sociologist that served as National
Defence Minister (2021-2023), Nacional Senator (2019-2021) and Foreign Affair,
International Trade and Worship Minister (2005-2010), among other positions
held.
Keywords
National defence, sovereign policies, Malvinas, Antarctica, South Atlantic
“La Argentina tiene que ser defendida”
Entrevista a Jorge Taiana
"Argentina must be defended"
Interview with Jorge Taiana
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El 22 de abril de 2024 tuvimos la oportunidad de
entrevistar a Jorge Taiana, político y sociólogo, que se
desempeñó como ministro de Defensa de la Nación
(2021-2023), senador nacional (2019-2021) y ministro
de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y
Culto (2005-2010), entre otros cargos. Conversamos
sobre los principales lineamientos y políticas desplegadas bajo su gestión al
frente del área de Defensa y, en particular, en torno a la Cuestión Malvinas,
Antártida y Atlántico Sur. Asimismo, el entrevistado se refirió a los desafíos
que visualiza para nuestro país en el actual escenario internacional y analiza
el giro que ha efectuado en estas áreas el actual Gobierno nacional y los
avances británicos en su ocupación ilegal en el Atlántico Sur y su proyección
sobre la región antártica, entre otras cuestiones.
Usted se desempeñó como ministro de Defensa (MINDEF) en los
últimos dos años del gobierno de Alberto Fernández. ¿Podría realizar
un balance de las principales políticas llevadas a cabo en materia de
defensa? ¿Cuál es su valoración más general sobre la orientación de la
política exterior y las políticas vinculadas a temas de soberanía?
Mi gestión fue, en parte, una continuidad de la que había desarrollado el
ministro Agustín Rossi. Es decir, a lo largo de los 4 años se implementó una
política que, si bien tiene matices y diferencias, tiene cierta consistencia, que
se aprecia en dos o tres aspectos. Uno de ellos, que toca más al primer
periodo, es todo el desarrollo de la utilización de las Fuerzas Armadas (FF.
AA.) en relación con la pandemia: reparto de alimentos, de equipamiento y
también de vacunas en buena parte del país. O sea, la utilización de las FF.
AA. como parte del dispositivo logístico, básicamente, de reacción frente a la
pandemia.
Luego, hubo dos pasos más de gran importancia. Uno fue la fijación de una
estrategia en la Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN), que se
publicó en el 2021 y que establece el carácter de la defensa. Esa medida
inició un ciclo de planeamiento que contempló la elaboración de un plan
general y, posteriormente, de un plan específico por parte de las FF. AA.
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acerca de cómo se aplica esa estrategia. Este ciclo, que no se completaba
desde 2011, tiene etapas concretas, etapas específicas que realizan las FF.
AA. y que, finalmente, revisa y aprueba el ministro de Defensa, la autoridad
política. El carácter de la estrategia defensiva argentina se fijó ahí y aún no
ha cambiado. El mismo señala que la Argentina tiene una estrategia
defensiva, cooperativa y autónoma.
¿Qué quiere decir eso? Defensiva es que no va a atacar a nadie; cooperativa
es que busca la cooperación, sobre todo con los países vecinos o amigos; y
autónoma, que tiene que buscar la menor dependencia posible de otros
países, de manera de tener un grado de autonomía. Sabemos que el mundo
está muy interconectado tecnológicamente y, por supuesto, también en lo
militar; pero, en ese marco, buscar una mayor autonomía. El carácter
defensivo de la estrategia no debe confundirse con la pasividad o con la
inacción, una estrategia defensiva tiene que tener una capacidad de reacción
y una fuerza disuasoria, es decir, una cosa es que vos no ataques y otra cosa
es que vos tenés que hacer que a nadie se le ocurra atacarte porque le va ir
mal. Eso es una estrategia defensiva con capacidad de reacción y con
capacidad de disuasión de potenciales enemigos. Esto es un tema
importante, una medida muy importante que se tomó y puso en marcha, que
después va a tener reverberaciones en debates actuales.
Más allá de ese desarrollo, que culminó en el 2023 con un trabajo largo de
todas las Fuerzas, hubo una medida que, si bien es de tipo administrativa,
avanzó en mejorar la situación salarial de parte de los activos y, sobre todo,
de los pasivos. Se trata del blanqueo de una serie de adicionales que se iban
agregando para mejorar el sueldo, pero que al ser no remunerativos no
entraban en el cálculo jubilatorio y, por lo tanto, no se trasladaban al sector
pasivo. En ninguna parte del mundo los comisarios de la Policía ganaban
más que los generales de alta gradación, eso era una cosa particular de la
Argentina y demostraba el atraso importante en la retribución, que generaba
una serie de problemas como que los sueldos estuvieran debajo de la línea
de la pobreza en soldados y algunos oficiales voluntarios. La consecuencia
de eso es la dificultad de las Fuerzas de retener a oficiales y suboficiales que
cuestan mucho tiempo y recursos formar, y que, si no encontraban un terreno
profesional en el cual desarrollarse y limitaciones en el material con el que
podían trabajar, se terminaban yendo de las FF. AA.
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De este modo, en los últimos 4 años hemos mejorado muchas cosas. Por un
lado, queda un ciclo de planeamiento militar completo, lo que no ocurría
desde hacía más de una década; por otro, queda una estrategia de
mejoramiento de las Fuerzas desde el punto de vista salarial, primero con
este blanqueo que se hizo en la primera etapa y después con lo que
denominamos el plan de jerarquización salarial de las FF. AA., lo que implicó
darles una serie de aumentos por sobre los aumentos que tenía la
administración pública. Esto produjo una recomposición sustancial.
Lamentablemente, la nueva gestión no pagó las dos cuotas que quedaron
para este año. No cumplió, no las reconoce y no piensa pagarlas, con lo cual
la situación de las FF. AA., desde el punto de vista salarial, sigue siendo
mala.
¿Cómo sintetizaría los principales nudos o desafíos en clave de
Defensa Nacional y Políticas Soberanas que tiene nuestro país en el
actual escenario nacional e internacional?
Lo importante son las definiciones, en las que insistimos mucho durante
nuestra gestión: 1) la Argentina necesita FF. AA., por su extensión (por ser el
octavo país en extensión del mundo), por sus riquezas naturales renovables
y no renovables, tanto en tierra como en el mar. Y cuando hablamos del mar,
ya podemos hablar, a partir de ese Gobierno, no solo de mar territorial y de la
Zona Económica Exclusiva (ZEE) —las 200 millas—, sino del límite exterior
de la plataforma continental, que es lo que logramos en las Naciones Unidas.
A mí me tocó, como ministro de Relaciones Exteriores, realizar esa
presentación en el 2009, con Rafael Grossi, que está ahora en la agencia
atómica. Mucho de lo presentado se aprobó, no así las zonas que estaban en
conflicto (Antártida y Malvinas). ¿Qué ventaja tiene? La Argentina es uno de
los países con más plataforma continental sumergida del mundo, la
Convención de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar (CONVEMAR)
dice que se puede extender hasta 350 millas o el límite exterior de la
plataforma, el talud continental.
La Argentina tiene eso, es una situación extraordinariamente favorable. Si
uno mira del otro lado, en el Pacífico, la situación de los hermanos chilenos,
ellos tienen apenas porque la placa tectónica está ahí, así que el mar les cae
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a pique y la plataforma continental es muy estrecha. ¿Qué significa la
plataforma continental? Bueno, el aumentar el límite de la ZEE de 200 millas
hasta 350 millas es una gran ampliación de nuestra soberanía. ¿Qué
diferencia tiene? No es lo mismo la 350 que la 200, en las 200 uno sabe que
tiene derecho sobre el suelo, sobre el subsuelo y sobre la columna de agua,
por eso todo el tema de la pesca. Desde las 200 millas no se tiene derecho
sobre la columna de agua, pero se tiene derecho sobre lo que está enterrado
o está sobre el suelo y el subsuelo marino. Varios animales se trasladan por
el suelo marino y, además, están los nódulos minerales, que si bien todavía
no han entrado en explotación prácticamente, todo el mundo sabe que el
futuro de la minería va a estar ahí; porque, obviamente, si el 70 % de la
superficie terrestre es agua, buena parte de la riqueza mineral que se
encuentra en esos fondos va a ser superior a la que hay en tierra.
En fin, la Argentina tiene que ser defendida. Además de lo dicho, que es más
atemporal, hay algunas razones temporales que, desde mi criterio, afectan la
situación de la Defensa, razón por la cual le di un especial impulso durante mi
gestión en el MINDEF. Es decir, todo cobra más valor ahora, en el siglo XXI,
con la importancia estratégica de la Argentina, de sus aguas, de ser una
especie de puñal que mira hacia la Antártida1; por su cercanía con el paso
interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico (incluso durante la Primera
Guerra Mundial hubo una batalla frente a las Islas Malvinas entre británicos y
alemanes, porque ese paso tenía importancia), también por el carácter de
proyección sobre la Antártida y por la relevancia que vuelve a adquirir el mar.
Uno dice: “pero siempre tuvo relevancia el mar”; sí, el mar fue decisivo en los
siglos XVIII y XIX para las potencias, el típico ejemplo es el Reino Unido,
pero en el siglo XX daba la impresión de que la Fuerza Aérea, los misiles y el
desarrollo de los armamentos nucleares le hacían perder cierto peso
estratégico al mar y al transporte marítimo (y, como consecuencia, al mar
como espacio para el combate). Bueno, no. No ha sido así, no es así y no va
a ser así. Al contrario, vamos a ver un crecimiento de la importancia
estratégica del mar y, por lo tanto, un crecimiento de la importancia
estratégica del Atlántico Sur.
Entonces, los argentinos tenemos que concientizarnos de eso y tenemos un
buen punto de partida que es Malvinas, las islas y los espacios marítimos del
Atlántico Sur y su proyección sobre la Antártida. Porque ahí sí hay una
conciencia nacional fuerte de la importancia estratégica de eso, no es solo un
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lugar donde yacen nuestros caídos en la guerra, no es solo un lugar que nos
corresponde históricamente, sino que en las próximas décadas va a ser un
espacio muy decisivo para el debate sobre el territorio antártico, que es la
única zona que no tiene adjudicada soberanía, aunque hay siete países
reclamantes y uno de ellos es el nuestro. Es un continente con muchísima
riqueza, donde hay acuerdo de no explotarlo, pero ese acuerdo vence en
2048 y vamos a ver si alguien antes no lo denuncia o si después de 2048 se
puede renovar o modernizar.
Me parece que hay ahí un punto fundamental: la Argentina tiene que tener
FF. AA. para defender la soberanía, en el sentido amplio de la soberanía,
porque sino la va a perder: va a perder el uso de esos territorios, no tendrá
capacidad estratégica para disponer de los mismos o tendrá que
subordinarse a otras potencias.
¿Qué políticas se llevaron a cabo para cumplir estos objetivos? ¿Se
encuadran aquí iniciativas como el Fondo Nacional para la Defensa
(FONDEF), el Comando Marítimo Conjunto y la reactivación de la Base
Petrel, en la Antártida, entre otras?
Fueron decisiones muy importantes que tomamos en esos años. Primero,
crear el FONDEF a través de una ley que destina recursos de los ingresos
del Estado al área de Defensa, para tres tareas: reparación, modernización y
adquisición. Pensemos que veníamos de Fuerzas que tenían que reparar,
modernizar y comprar mucho material para tener una buena capacidad
operativa. Esa ley se puso en marcha y se avanzó en ello. Ahora, este
Gobierno también ha dejado de cumplirla y la incorpora como una parte del
presupuesto, que seguramente se irá en otros gastos. La ventaja del
FONDEF es que daba también cierta perspectiva de recuperación paulatina,
porque se realizaron compras importantes, como por ejemplo la de misiles
SAAB de corto alcance y la de municiones de tipo merodeadores, entre otras.
También tomamos varias decisiones orientadas a fortalecer la presencia
argentina en todo el territorio. Hay una vieja teoría que usan los gobiernos
más conservadores o neoliberales, en el sentido de reducción del Estado,
que es contraer las FF. AA., limitarlas, hacer equipos chicos con cierta
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movilidad y abandonar el territorio. Por ejemplo, la Argentina abandonó su
cuartel en Catamarca. ¿Qué hicimos nosotros? Reconstruir un cuartel en
Catamarca en asociación con la provincia y construir viviendas para el
personal de esa unidad militar, que es de frontera y que está en la zona del
litio y del cobre (o sea, una zona en donde queremos que el despliegue de
las FF. AA. sea un tema importante). Por más que ahora hay más movilidad,
el despliegue territorial sigue teniendo un peso grande y nos encontramos
con que en el sur el despliegue era muy desparejo, sobre todo tomando en
cuenta lo primero, que es Tierra del Fuego, que es una isla, lo que significa
desde el punto de vista de la defensa una cierta debilidad, porque no es fácil
ni abastecer una isla ni llegar a ella, ya que puede ser rodeada; además, se
trata de una isla que está compartida territorialmente con otro país.
La situación de la defensa del territorio argentino en Tierra del Fuego, que es
la provincia de Antártida e Islas del Atlántico Sur, estaba limitada,
básicamente, a la presencia de la Marina, que es histórica. Incluso, en
Ushuaia primero se emplazó la base naval y luego se formó la ciudad
alrededor. Lo que nosotros nos planteamos fue transformar la base de
Ushuaia para que fuera integrada —ojo, integrada entre las FF. AA.
argentinas, es decir: Marina, Ejército y Fuerza Aérea; no conjunta con ningún
otro Estado y, menos, con una potencia2—. Lo que empezamos a construir
ahí fue una base que permitiera ampliar las capacidades, para transformarla
en el verdadero eje de ese puente hipotético que nos une con la Antártida. Es
decir, en este extremo del puente tiene que estar la base integrada donde
tengamos todas las facilidades logísticas, todos los recursos para tener una
presencia aún más importante de la que tenemos en la Antártida.
El otro extremo del puente es la recuperación de la Base Petrel, que estuvo
abandonada desde que se incendió en los años setenta y que reabrimos
como base de invernada a comienzos de 2022. Desde entonces, se inició un
proceso de construcción muy grande: se arregló el galpón grande para poder
tener aviones que no se congelen y que estén adentro, también helicópteros,
y ahora, este verano, mandamos —antes del cambio de gobierno— las
piezas para construir la base más moderna de nuestro país en la Antártida.
Tenemos que fortalecer Petrel porque está en un lugar muy bueno, con fácil
llegada por su pista de aterrizaje que permitiría ir no solo en Hércules. De
hecho, el otro día aterrizó en la Base Marambio un SAAB 340, eso nunca se
había hecho. Y hacer eso en la Base Petrel estaría perfecto, porque además
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tiene un muelle con profundidad, o sea que los barcos podrían acercarse
perfectamente y tener un descenso con un pequeño muelle hacia la tierra sin
las dificultades que tiene, por ejemplo, abastecer Marambio, que es mucho
más complejo, porque es una base que está a 200 metros de altura en una
meseta y, por lo tanto, todo el material hay que subirlo en helicóptero.
Asimismo, iniciamos una unidad del Ejército, en Tolhuin, donde no había.
Nos cedió un edificio la Prefectura en la base del lago Fagnano y abrimos
una instalación militar permanente del Ejército, que por ahora está llevando
gente a entrenar. En la medida en que se terminen de construir las
habitaciones, va a ser una presencia permanente que complementa la
presencia de la Infantería de Marina en Río Grande, que es la segunda
ciudad de Tierra del Fuego y que es donde hay una histórica base del BIM 5
(Batallón de Infantería de Marina 5, que combatió en Malvinas). Además, no
solo hacemos la base integrada en Ushuaia, donde tiene que estar, sino
también un dique seco flotante para reparaciones. Todo ese espacio de
reparación hay que recuperarlo, teniendo un muelle por lo menos de 3000
toneladas.
Por otra parte, hicimos varias cosas más en la Antártida. Avanzamos en un
reequipamiento grande de las bases, a través de un convenio con el
Ministerio de Ciencia y Tecnología, e instalamos varios laboratorios
modernos con los sostenes que atraviesan el hielo y llegan a la roca y, por lo
tanto, son más firmes. Laboratorios bien equipados y construidos por el
Ejército. También reequipamos y mejoramos mucho el equipamiento
existente de salud, que no es un tema menor, sobre todo cuando se tiene
una población invernando y cuando sacar una persona es muy complejo. De
este modo, mejoramos la situación para hacer medicina —incluso cirugía—
en la Antártida y, al mismo tiempo, se avanzó en la posibilidad de la conexión
con Ushuaia, lo que permite el asesoramiento con telemedicina, que es un
salto grande para el tratamiento de personas con dolencias físicas o
situaciones psíquicas (que en tantos meses de aislamiento también a veces
se producen). Es decir, se hizo una inversión importante y un mejoramiento
grande en la Antártida. Y en la Base Belgrano II, que es la base que está más
al sur y está, además, en territorio continental (no está en la península, como
la mayoría de las bases, sino que está en territorio continental detrás de una
enorme barrera de hielo), se está trabajando en unas antenas satelitales para
tomar datos y realizar una serie de registros a través de los satélites de
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conocimiento de la tierra que tiene la Argentina.
¿Y qué hicimos también en Río Grande? Logramos una cosa que,
sorprendentemente, no estaba: pusimos un radar —mediano, no es el radar
definitivo que va a estar ahí, que va a ser más potente—. Se lo pedimos
a INVAP. No había un radar militar que cubriera, al menos, parte del espacio
que viene de Malvinas o que pasa por esa zona, estábamos ciegos. Ese
radar nos permite contar con cierta información sobre los movimientos aéreos
en la zona y los que se acercan a Malvinas, que se complementa con Río
Gallegos. Ahí recuperamos la base aérea de Río Gallegos, lo hicimos con
aviones Pampas —un avión de entrenamiento avanzado o de ataque ligero—
que por lo pronto, junto con el radar, nos dio un montón de información y
descubrimos una serie de vuelos irregulares que pasaban por el territorio
argentino, cruzaban Tierra del Fuego y, muchos de ellos, iban a las
plataformas offshore3 que están ahí, pero sin el control ni el aviso que
correspondía.
Para ir viendo cómo pusimos el acento en el sur y en el Atlántico, un poco
más arriba, en la base de Trelew, que es una base de aviones de
observación, avanzamos en la compra de los P-3, que son unos aviones
noruegos, de origen norteamericano, de observación, son aviones de largo
alcance. Hicimos una negociación con Noruega, que nos los vendió; el
primero tendría que haber llegado, pero no pudimos liquidar los 10 millones
de dólares de la primera cuota en diciembre y este Gobierno todavía no lo ha
hecho —se supone que lo va a hacer—. También pusimos otro radar en
Trelew, para mirar un poco más al norte, porque de lo contrario nos
quedábamos casi sin radar desde la provincia de Buenos Aires, y ahí ustedes
se acuerdan que hay incluso una pista de aterrizaje que se atribuye a un
testaferro del terrateniente Joseph Lewis4 y sobre lo cual existen distintas
versiones acerca de si hay movimiento o no. Bueno, nosotros pusimos un
radar en Trelew que mira hacia allá. En parte, tendría que estar más alto,
porque el aterrizaje no lo podemos ver, pero sí vemos si llega o si sale, y eso
busca tener un mejor control de nuestro espacio aéreo.
Estas acciones desplegadas en el sur, también contemplan la creación del
Comando Conjunto Marítimo, algo muy importante, que se instaló en el
edificio Libertad de la Marina y se basa en una buena coordinación de control
con la Prefectura. Tiene como objetivo central el control y la vigilancia de las
aguas de la ZEE argentina y de los movimientos que se dan en esa zona.
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Eso ha sido un gran éxito, se completa y se hace vía satélite, con aviones y
barcos, y para eso fueron muy útiles también las patrullas oceánicas, que se
habían comprado en el Gobierno de Mauricio Macri, pero que las pagamos,
las recibimos y las pusimos en marcha nosotros, y que tienen la ventaja
respecto de las corbetas o de las fragatas, de ser bastante más económicas
en su funcionamiento. Eso hizo que en los últimos años no hubiera ingresos
ilegales en las 200 millas, pese a lo que han dicho algunos que intentan que
el control de las aguas argentinas no esté en manos de los argentinos, sino
que esté en manos de alguna otra potencia. En los últimos tres años tenemos
un control absoluto de los 500 barcos que están: cómo se llaman, dónde
están, cuándo pasaron, cuáles vinieron por el estrecho de Magallanes y
cuáles desde el océano Índico a través del Atlántico. Eso lo sabemos
absolutamente todo y también sabemos que muchos de esos barcos se van
a reparar a Montevideo o a dejar carga; que muchos de ellos son poteros y
que muchos de ellos llevan la carga y la confieren a otros barcos para que se
vaya congelada y ellos poder seguir pescando.
Hay dos o tres grandes zonas de pesca: una es la ZEE, donde solo pesca
quien tiene autorización de la Argentina. Incluso recientemente hubo un lío
con un barco argentino, pero de un propietario taiwanés, que estaba
pescando ilegalmente, sin autorización, ejemplares jóvenes de merluza negra
(que es un pez de aguas profundas que es muy valioso y está bastante
regulado). La ZEE es una zona donde se pesca solo con permiso dado por
las autoridades argentinas. Después hay dos zonas más: una es la corona de
Malvinas, aguas que pertenecen a nuestra ZEE, pero que están de hecho
bajo la administración de los británicos, quienes ilegalmente venden licencias
hasta por 25 años, de ahí el enriquecimiento de los isleños. Allí pescan
españoles, taiwaneses, coreanos, portugueses y algunos otros. Es más,
España, en un gesto poco solidario con la Argentina y solidario con los
británicos, logró que, al producirse el Brexit5, eso no fuera considerado como
producción exterior —y, por lo tanto, tuviera que pagar derecho de
importación—, sino que fuera considerado como parte de ultramar de la
Unión Europea, lo cual obviamente no es así porque el Reino Unido no es
más parte de la Unión Europea y porque eso es territorio usurpado. Los
españoles no deberían pescar ahí con licencia de los británicos. La tercera
zona, que está más arriba, frente a Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn, es
la zona famosa de las 200 millas, donde se da todo el debate de si entran o
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no entran. La verdad es que entraban y que ahora no entran. Desde hace
dos o tres años, desde que se creó el Comando Marítimo, no entran (no sé si
este año se le darán los recursos que necesitan para funcionar). Hasta ahora
el año pasado no ingresó nadie y se controla bien la milla 200. Ahí pescan
también taiwaneses, chinos, coreanos, españoles, pero la diferencia es que
en esta zona se pesca sobre todo calamar. ¿Qué importancia tiene eso?
Calamar, merluza y langostino son las tres grandes pescas que se realizan
en la zona. El calamar es un molusco de ciclo anual, o sea que pasa por los
caladeros argentinos, las 200 millas y no vuelve más, sea porque lo pesquen
o porque no vive varios años, como la merluza, que tiene un ciclo distinto.
Ese es un poco el panorama que pusimos en marcha, dándole relevancia al
Atlántico Sur, a las Malvinas y a la Antártida, en una idea de que en el siglo
XXI las posibilidades estratégicas de la Argentina van a estar muy ligadas al
fortalecimiento de la soberanía y a la capacidad de utilizar nuestros recursos
de la manera que nosotros queramos y no como se está produciendo en
estos días.
Con la llegada de Javier Milei al Gobierno, se está expresando un giro
en la política exterior, con un alineamiento estrecho con Estados
Unidos, Israel, el Reino Unido y lo que se suele denominar como
“Occidente”. ¿Cuál es su visión sobre este cambio, qué implicancias
tiene para la Argentina y cómo caracteriza usted las medidas y
propuestas que está planteando el Gobierno actual en materia de
defensa, política exterior y soberanía?
Hay una voluntad en la nueva administración de quitar instrumentos
regulatorios estatales y quitarle, al propio Estado, capacidad de defender sus
recursos. Si uno elimina toda la capacidad de control estatal después no
puede superar eso. Este es un problema serio en un mundo que está
atravesando una transición: hemos pasado de un mundo unipolar, que es el
mundo dominado por Estados Unidos luego de la caída del muro y el
derrumbe de la Unión Soviética (1989-1991 hasta 2008, con la crisis de
Lehman Brothers), a un mundo donde queda claro que esa unipolaridad no
se sostiene y eso se puede ver desde varios puntos de vista: comercial,
económico y militar. Es decir, cambiamos de etapa. Eso me parece que es
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una cosa que hay que tener presente. Desde 2008 para acá es otra etapa,
con la emergencia de varias potencias o de varios países emergentes con
fuerza y con la existencia de fenómenos nuevos, como es por ejemplo los
BRICS6.
Lo que la Argentina intenta hacer ahora es lo que nosotros rechazamos en el
2005, cuando Estados Unidos propuso crear una zona de libre comercio en
donde los países de la región se subordinaban al grande de la zona, que era
el único grande del mundo en ese momento. Entonces, el mensaje de
Estados Unidos era: “Estamos en la globalización, acá cambió todo, pero
dentro de la globalización no se puede andar solo porque te come cualquiera,
entonces vengan detrás nuestro”. Ya había hecho un acuerdo de libre
comercio México, también Chile. Esa era una opción, que nosotros no
apoyamos. No porque no creyéramos que sí había que hacer acuerdos
regionales, es decir, la globalización tiene como contraparte la necesidad de
crear acuerdos regionales; lo que no queríamos era hacerlo con una potencia
que no nos daba nada y, al mismo tiempo, quería tomarnos todo. Esto lo digo
de manera figurativa, pero es exactamente cierto, porque el Mercosur sobre
todo —que fueron los que se opusieron, junto con Venezuela, que tenía otras
características más políticas— es un gran competidor de Estados Unidos en
exportación de alimentos. Es decir, íbamos a poner el zorro en el medio del
gallinero, el mismo que nos hace problema con la miel, con la carne, con los
aceites de soja, con cualquier producto que compita con ellos, y ellos son una
gran potencia de alimentos en casi todo.
Entonces, la verdad que no tenía sentido hacer un acuerdo con ellos, tenía
sentido buscar otros. ¿Y por qué? Porque nosotros sabíamos o creíamos —y
teníamos razón— que lo que estaba pasando en el mundo era que esa
unipolaridad estaba acabando: ese mundo que sale de la caída del muro, del
Consenso de Washington, de la globalización, del fin de la historia de Francis
Fukuyama (1989), ese mundo estaba empezando a crujir. Nosotros lo vimos,
nos dimos cuenta, lo charlábamos con Néstor [Kirchner], con Cristina
[Fernández de Kirchner], de que el futuro era distinto y que nosotros
teníamos que prepararnos para ese futuro, para pensar en el mediano plazo.
Y ese futuro era un mundo multipolar, que tiene que tener distintas alianzas y
geometrías, que es lo que después denominamos con varios otros
estudiosos de Relaciones Internacionales el no alineamiento activo. Incluso
hemos sacado un libro con autores de toda la región: Celso Amorim, Ernesto
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Samper y distintas figuras. Desde esta mirada se plantea que este es un
mundo donde tenemos que pensar más en nosotros mismos y en los
acuerdos, un mundo donde va a haber varios emergentes y en donde
tenemos que hacer un acuerdo regional7.
Ahora, la realidad es que desde el punto de vista regional, tanto el Gobierno
de Macri como ahora el de Milei están muy en contra de la integración
regional, quieren destruirla y hacen todos los esfuerzos para pelearse con los
presidentes de otros países, de manera que no se pueda avanzar en la
integración. Eso nos da una gran debilidad. No solo quieren la subordinación
a Estados Unidos cuando el mundo es bastante más multipolar, sino que
quieren además que no haya integración regional y que el Mercosur quede
en trapitos. Este es un problema muy serio, entre otras cosas porque hay un
error estratégico en eso: es creer que estamos en el mundo del fin de la
Guerra Fría —fíjense la admiración que tienen por la política de Carlos
Menem— y no es así. Estamos en otro mundo, que ha pasado por la
revolución tecnológica, por las migraciones, por el cambio climático y por las
modificaciones en las relaciones de fuerza; es indudable.
Creer, como hace el Gobierno de Milei, que estamos en la época de Menem
y que, por lo tanto, podemos seguir esto de las relaciones carnales —como
decían Guido Di Tella o Carlos Escudé—, y que ese mundo es el que se va a
consolidar, es un error estratégico, porque no es eso lo que está pasando. Es
tratar de ir a recuperar un modelo que tiene cada vez menos que ver con la
realidad. Por eso es que se han salido de los BRICS, otro error estratégico
extraordinario, sobre todo teniendo en cuenta que en ese espacio está el
primer socio comercial de la Argentina, que es Brasil, el segundo, que es
China; y no está el tercer socio, que es Estados Unidos, pero está el cuarto,
que es la India. O sea, tres de los cuatro socios comerciales de la Argentina
están ahí, en los BRICS, y cuando nos ofrecen entrar y desde el Gobierno
anterior decimos que sí, este Gobierno dice “no, eso no interesa, no sirve”.
Eso creo que es un error estratégico grande.
De ahí se derivan muchas decisiones que tienen que ver, por ejemplo, con el
armamento que se compra, con los planes que se hacen o con la solicitud de
ser un miembro global de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico
Norte], que es lo que presentó el actual ministro de Defensa recientemente
en Bruselas al segundo de Jens Stoltenberg [secretario general de la OTAN].
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Algunos me decían que él no lo recibió porque no le quería dar importancia.
No, eso no es cierto. Estaba en Capri, en la reunión de ministros de
Relaciones Exteriores del G-7. La Argentina se presenta para adherir a algo
que es entrenamiento, intercambio de información, cursos de formación, pero
que también es participaciones en operaciones militares, porque la OTAN no
es un College que enseña estrategia, es una alianza militar que, desde su
origen —con el objetivo de enfrentar a la Unión Soviética por parte de
Estados Unidos, Canadá y los europeos occidentales—, busca tener ahora,
según plantea Estados Unidos, una dimensión global, es decir, tener
posibilidad de desarrollo en todo el mundo. En ese sentido, la Argentina tiene
una tradición pacífica, de respeto a la soberanía de los otros Estados, de no
injerencia en los asuntos internos, de respeto al derecho internacional, de
respeto al sistema de Naciones Unidas. Este último está semiparalizado, es
cierto, y claramente los estadounidenses están armando una cosa paralela;
en vez de esforzarse en solucionar los problemas de Naciones Unidas, van
armando una especie de aparato paralelo. Y eso es contrario al interés
argentino, entre otras cosas porque nosotros debemos fortalecer el derecho
internacional, ante que nada porque no somos un país poderoso y si el
derecho internacional se debilita, ¿quién se fortalece? Los poderosos, porque
es el uso de la fuerza lo que se impone si no hay derecho internacional.
Entonces, me parece que ese posicionamiento del Gobierno es
estratégicamente erróneo.
Si uno ve la doctrina del realismo periférico de Carlos Escudé (1992), que
informó aquella política de Menem de los años noventa, que decía algo así
como que si uno era de la periferia mejor que se acomodara con el grande
del barrio, de ese modo le iba a ir más o menos bien. Ahora, Escudé hizo una
crítica fuerte de esa visión que tuvo y, además, comprendió, por ejemplo, el
ascenso de China. Entonces dijo: “No, acá la Argentina tiene que jugar en un
cambio más amplio y también tener una respuesta y una capacidad de
adaptarse a las relaciones cambiantes que se dan en este mundo
posunipolar”. No solo es la emergencia de China. Muchos hablan de que
estamos entrando en una nueva guerra fría, de Estados Unidos frente a
China. Yo considero que ese es un concepto equivocado. Creo que la Guerra
Fría fue un fenómeno muy específico, en donde la división de las potencias y
de los bloques era total: ideológica, filosófica, religiosa, económica. ¿Qué se
vendían entre la Unión Soviética y los Estados Unidos? Ni un tornillo. Y es
176
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más, cada bloque quería destruir al otro por definición. El socialismo quería
destruir las burguesías explotadoras y los países capitalistas querían destruir
las dictaduras comunistas. Por eso se llega a la disuasión, basada en que
hay miles de armas nucleares y uno se apunta al otro, la famosa destrucción
mutuamente asegurada.
Ahora el planteo que hay en el mundo es distinto, no existe esa diferencia y,
de hecho, existe un intercambio desde el punto de vista económico
extraordinario. Es cierto, Estados Unidos está planteando todo un tema —y
en parte también los europeos— de reshoring, de volver al propio país
muchas industrias, o, sino, de nearshoring, que se supone que es traer a
países vecinos —por ejemplo, México— muchas de las industrias que se
llevaron a China y, de ese modo, protegerse en la zona. Y también está el
friendshoring —para terminar de tener terminología en gringo—, que dice que
deben reubicarse en los países amistosos, por ejemplo, que fábricas
estadounidenses que están en China se vayan a Vietnam, que ahora es un
país amigo de Estados Unidos, porque los vietnamitas siempre han tenido
una histórica rivalidad con China —no se olviden que hubo una guerra en
1979 entre ellos— y, además, por el conflicto que poseen sobre las límites en
las aguas del mar del sur de China.
¿Cuál es su opinión sobre el anuncio realizado por el Gobierno acerca
de la compra de aviones a Dinamarca, con la aprobación de Estados
Unidos, un punto que venía siendo evaluado bajo su gestión y se
definió de esta manera recientemente?
Esto tiene que ver con lo que planteaba al principio. La Argentina tiene que
recuperar varias capacidades, que no es fácil y cuestan plata. Vamos por
partes. Tiene que recuperar la capacidad de vehículos de combate para el
Ejército. En eso se avanzó mucho en negociaciones con los brasileños,
porque tienen un vehículo de seis ruedas, el Guaraní, que tiene la
particularidad de tener un motor Iveco, o sea, un motor que se fabrica en
Córdoba, lo cual nos daba, además de la cercanía y de que era más barato,
una facilidad muy grande desde el punto de vista logístico. Eso no se llegó a
concretar porque las garantías para la exportación que tenía que recibir el
Banco Nacional de Desarrollo de Brasil no se terminaban de completar,
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exigían más cosas, pero estaba muy cerca de finalizarse. Sin embargo, se
vio frenado por la situación electoral y quedó a la espera del próximo
gobierno.
Luego, la Argentina tiene que recuperar una capacidad submarina y eso es
un costo grande y de varios años (se ordena un submarino y se lo recibe a
los 5 o 6 años). Pero hay que recuperar esa capacidad, porque con ese mar
de más de 4 mil kilómetros de extensión, con esas más de 200 millas de ZEE
y con la plataforma continental extendida es obvio que nuestro país tiene que
tener una capacidad submarina. Perú tiene, por lo menos, cinco submarinos,
porque tiene una tradición submarinista grande, y son los que nos prestan los
submarinos para entrenar a nuestros oficiales. En eso hay que hacer un
agradecimiento a la tradición peruana de apoyo a la Argentina en su defensa
de su soberanía.
Y después está lo de los aviones. Finalmente, este Gobierno ha cambiado la
prioridad o la intención que tenía el Gobierno anterior y su Ministerio de
Defensa, que se inclinaba por los aviones chinos. ¿Por qué? Porque hay que
tener en cuenta dos o tres cosas para la compra de los aviones. Primero, hay
que ver si los aviones —para mí, es lo decisivo— tienen o no capacidad de
disuasión frente a la aviación de potenciales países que pudieran intentar
avasallar o imponernos cosas. Es obvio que el F-16, que es un avión de 45
años, no tiene esa capacidad frente a los británicos que están en las Islas. Sí
la tiene frente a los F-16 que tiene Chile —que tiene 60— y no la tiene
tampoco frente a los Gripen que compró Brasil. Es decir, si lo que queremos
es ganar capacidad de disuasión, que es un tema muy importante para la
negociación y para llevar a los británicos a discutir la soberanía, es obvio que
la elección que hemos hecho es contraria a ese interés, aleja más a los
británicos de la mesa. Eso es lo que han dicho, además, en distintas fuentes.
Una segunda característica que hay que tener en cuenta es el
financiamiento, mucho más en un momento como el que vive la Argentina
actual, con una pobreza extendida. En esta situación, el costo, la prioridad y
el momento de inversión tiene una relevancia. Esta compra a Dinamarca no
tiene ningún financiamiento. La Argentina paga, tiene cuotas y paga todos los
años, sin ninguna ventaja, sin ningún crédito, sin ningún período de gracia,
nada. Cosa que sí tenían otros aviones, de la India, de China, los de Corea
(que quiso comprar Rossi en su momento, pero no pudo porque los ingleses
se opusieron), etc.
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Lo que se ha firmado ahora es un contrato para la compra de aviones, sin
armamento. Después hay que hacer otro contrato para la compra del sistema
de armas. Ese contrato representa otros 300 millones de dólares y ahí sí
Estados Unidos anunció que daría un subsidio por 40 millones de los 300 que
vale el armamento que tendrían. ¿Cuál es el armamento que tendrían? No
está escrito por los Estados Unidos en ninguna parte. Está escrito el pedido
de nuestra Fuerza Aérea, de qué le gustaría que tuvieran, y ellos dijeron
“ningún problema”. El único problema es que esta discusión ya sucedió en
1997, cuando Menem compró los A-4, los Skyhawk, que tenían que venir con
misiles, pero solo llegaron tres misiles. El agregado militar de la embajada
estadounidense me decía, “no, ministro, no son tres, fueron siete”... Y los
mismos diarios de hoy están diciendo que el armamento que llegaría sería
para corta y mediana distancia, como también han sacado el radar NATO
[OTAN] que es un radar más poderoso. Nosotros vamos a tener pilotos que
van a estar manejando un F-16 con un radar que tendrá no sé cuántos
kilómetros de alcance y cohetes que pueden ir a 20/30/50 km de distancia.
Entonces, nuestro piloto, si hay una cuestión de conflicto, va a morir antes de
enterarse que tiene un avión que lo viene a enfrentar, porque el otro va a
tener un radar que va a ser el doble de largo que este y va a tener un misil
que va a tener tres veces la distancia de este. O sea, no es para mí la mejor
compra y, probablemente, tampoco el momento más oportuno, pero el
Gobierno quería hacer una muestra y la ha hecho.
Por otro lado, en estos meses se conocieron nuevos avances
unilaterales británicos en las islas y espacios marítimos del Atlántico
Sur, como la ampliación del área marina protegida, el anuncio de la
construcción del puerto en Malvinas que sea “puerta de entrada a la
Antártida”, la visita del canciller británico a las Islas y la continua
militarización del Atlántico Sur. ¿Cómo analiza esta situación en torno a
la Cuestión Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en el actual contexto
internacional?
Creo que hay un correlato entre el avance británico y cierto retroceso de la
Causa Malvinas a nivel general, no en términos de desmalvinización local, al
contrario: creo que los 40 años fueron profundizando la malvinización e
179
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hicieron más actual el concepto de la defensa de Malvinas8. Cuando me
refiero al retroceso, me refiero básicamente a una de las condiciones que
supone el espacio adecuado para recuperar el ejercicio efectivo de la
soberanía sobre las Islas: la integración regional. Es decir, desde el fin del
Gobierno de Cristina [Fernández de Kirchner] en 2015, el Gobierno de Macri
desarmó, con varios países de la región, el proceso de integración: se
expulsó a Venezuela del Mercosur y recién hace una semana se logró la
aprobación de la incorporación de Bolivia —que estuvo años pendientes en el
senado de Brasil—; la Unasur [Unión de Naciones Suramericanas] quedó
prácticamente desarmada, Ecuador se va de la sede y hay un intento suave
de Lula da Silva de rearmar un encuentro sudamericano. Lo cierto es que si
uno compara cómo estábamos entre 2007/2008 y 2015, y cómo estamos
ahora en términos de integración regional, es obvio que hemos retrocedido y
ese retroceso en integración regional se nota en el tema Malvinas, por más
que haya declaraciones de ocasión en la OEA u otros organismos. El
reclamo ha perdido potencia. La Argentina, con Macri, no le puso ninguna,
firmaron el Foradori-Duncan que es una cosa vergonzosa, porque ese
acuerdo —esa declaración de prensa conjunta, en realidad— es hacer lo que
pedían los británicos en la carta que le había mandado la primera ministra,
Theresa May, al presidente Macri, donde le dijo: “Ustedes tienen que remover
los obstáculos que impiden el desarrollo de las Islas”. Es como que el ladrón
vaya a tu negocio y te diga: “Bueno, acá hay un problema, vos sos un
obstáculo bajando la cortina de hierro, cerrando la puerta con candado, es un
obstáculo para mi desarrollo como ladrón que no pueda robarte todo lo que
quiera”… En fin, todo el accionar respecto de la pesca y de la actuación
internacional respecto a Malvinas sufrió una fuerte disminución en general.
¿Por qué es importante esto? La recuperación de las Islas Malvinas depende
de tres o cuatro cosas. Primero, de una situación económica argentina más
sólida, estable, y de un crecimiento más fuerte. No nos engañemos, a la
Argentina le tiene que ir bien durante un periodo largo y tener un pueblo
próspero para estar en condiciones de discutir con fuerza esa reivindicación.
Segundo, tiene que haber un avance grande en la integración regional; sin
eso no vamos a conseguir que los países de la región nos apoyen con toda la
fortaleza con la que alguna vez nos apoyaron y que los que no nos apoyaron
tanto nos apoyen más. Una tercera condición es el mantenimiento de la
política centrada en la no injerencia, en el respeto a la soberanía de los
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Estados, en el respeto a las Naciones Unidas y al derecho internacional, cosa
que también hemos abandonado. Cuando este Gobierno se posiciona a favor
de Israel en relación con la situación de Gaza, no estamos manteniendo la
posición argentina de equilibrio que busca la solución pacífica de las
controversias y que plantea que debe haber en esa región dos Estados con
fronteras delimitadas y con seguridad para poder desarrollarse. Esa es la
posición argentina, que es la de los acuerdos de Oslo y que es la que tiene la
Argentina desde la partición de Palestina. El abandono de esa posición es ir
en contra de las Naciones Unidas; decir “vamos a trasladar la embajada a
Jerusalén” nos debilita ante muchos países del mundo y nos aísla. La verdad
que abandonar y dejar que el mundo no entienda qué hace la Argentina o
que parezca que la Argentina está atacando a los palestinos, no
preocupándose por su situación y por las masacres que se están realizando
en Gaza, nos aleja de muchos países que tendríamos que tener de nuestro
lado en nuestro reclamo de Malvinas. Entonces, eso nos pone de
obsecuentes de los poderosos, muy subordinados políticamente a las
decisiones de los poderosos.
¿En qué se ve esto? En cosas concretas. Por ejemplo: ¿a dónde fue el
canciller británico David Cameron cuando fue para las Islas? ¿De dónde salió
y a dónde volvió? Fue a Paraguay, que no tenía embajada del Reino Unido,
embajador residente, sino que llevaba relaciones diplomáticas desde Brasilia.
Hace unos años ya que el Gobierno británico decidió poner una embajada
permanente en Asunción. ¿Por qué lo hizo? Porque es el único país que le
quedaba sin presencia en el Mercosur, y el Mercosur es como un corazón
para la Argentina, entonces se metieron ahí. ¿Qué otra cosa hicieron?
Fortalecieron su relación con Uruguay, que tiene mucho que ver en el
abastecimiento de Malvinas y los barcos que van de las Islas a Montevideo
para aprovisionarse de alimentos, lubricantes, etcétera. Fortalecieron eso sin
que la Argentina pudiera contrarrestarlo y también fortalecieron su histórica
relación con Chile, ante una política argentina más debilitada. Todo esto
favorece a los británicos que, por ejemplo, han comenzado en dos ocasiones
a participar en el ejercicio naval UNITAS, que era un tradicional ejercicio
conducido por Estados Unidos, desarrollado ya sea en aguas del Pacífico o
del Atlántico, entre Estados americanos y algún país invitado. Nunca se
invitaba al Reino Unido justamente por el problema de las Malvinas, y de
hecho lograron ser invitados en el bicentenario de Colombia. Fue la razón por
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la cual nosotros no participamos; también los invitaron en Brasil y nosotros
participamos del desfile del Bicentenario de su independencia, pero no en las
maniobras. Nosotros no podemos participar en maniobras con una potencia
que ocupa nuestro territorio, que es lo que está detrás también de ese pedido
de ser socio global de la OTAN.
Es decir, me parece que hay varios elementos que han debilitado la posición
argentina, que hay que ejercer, y ese es un trabajo que este Gobierno no va
a hacer. Hay que tener una política activa en relación con Malvinas. Nosotros
tenemos un único país que estamos seguros que nos va a apoyar y que
impediría, llegado el caso, que Naciones Unidas aprobara una presunta
independencia y autodeterminación de los isleños, ese país es la República
Popular China, que reconoce los derechos argentinos en Malvinas así como
la Argentina reconoce los derechos de China sobre Taiwán (la política de
existencia de una sola China). Entonces, algunas de las cosas que se dicen
tienen después consecuencias, si este Gobierno insulta a un país que es el
único que lo puede apoyar en el Consejo de Seguridad, lo que significa que
es el único que seguro podría vetar una iniciativa de ese tipo en ese ámbito...
En ese sentido, creo que hay una tarea grande para hacer, que esa tarea va
a ser todavía más compleja cuando cambie el signo político; mucha tarea
interna, en el fortalecimiento de nuestra estrategia defensiva, en lograr
poseer herramientas reales de disuasión. Porque nosotros tenemos en la
Constitución que la recuperación del ejercicio de la soberanía en las Islas va
a ser a través de medios políticos, diplomáticos, y así será, pero para que
eso sea posible hay que tener cierta capacidad de disuasión, ya que
cualquiera que sepa de relaciones internacionales sabe que el leverage y la
capacidad de negociación está dado por la fuerza con la que se cuente. Si
uno tiene una Fuerza Aérea que no posee ninguna capacidad de,
potencialmente, producir daño en las Islas, bueno, los otros no van a
escuchar.
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Para finalizar, una última pregunta: durante el anterior Gobierno se
produjo una controversia en torno a la instalación de un radar de la
empresa Leo Labs, de capitales británicos e irlandeses, en Tolhuin
(centro de la Isla Grande de Tierra del Fuego) y fue usted quien frenó
temporalmente la autorización para el funcionamiento del radar en su
calidad de ministro de Defensa, en 2023. ¿Qué puede decirnos sobre
esta cuestión, en una región tan sensible para los intereses geopolíticos
de nuestro país? ¿Y cuál es la situación actual de ese radar?
El radar de Leo Labs es una cosa que está en contra de la ley de hecho,
porque hay una orden de desarmarlo. Primero, fue un procedimiento muy
extraño, es una decisión que tomó la Subsecretaría de Comunicaciones sin
consultar ni a Relaciones Exteriores ni a Defensa ni se sabe a qué otro nivel
de la Jefatura de Gabinete. Sí había una autorización de la provincia. Cuando
nosotros nos enteramos de esto pedimos que se desarmara, ya que era
obvio que ese radar, por sus características, tenía capacidad de observar
todos nuestros vuelos y, sobre todo, todas nuestras comunicaciones, porque
el hecho mismo de estar preparado para ver la caída de basura satelital lo
lleva a tener esa posición. No debiera estar ahí. A pesar de que elaboramos
un informe muy completo y detallado, desde el Ministerio de Defensa, de las
razones por las cuales había que desarmarlo, desde otros sectores se
buscaba dilatar el desarme y no sé en qué estado estará ahora; pero ese es
un radar que puede operar con mucha facilidad si tiene los medios y las
conexiones eléctricas para hacerlo. Creo que este Gobierno no va a tener
ningún interés en sacarlo, al revés: va a tener interés en dejarlo. Es como un
puñal metido en el riñón, nadie puede pensar que eso sea bueno para la
defensa nacional.
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REFERENCIAS
Escudé, C. (1992). Realismo Periférico. Planeta.
Fortin, C., Heine, J. y Ominami, C. (Eds.). (2021). El No Alineamiento Activo y
América Latina: Una Doctrina para el Nuevo Siglo. Catalonia.
Fukuyama, F. (1989). The End of History? The National Interest, 16, 3-18.
http://www.jstor.org/stable/24027184
NOTAS
1. Se refiere aquí a una frase atribuida al diplomático estadounidense Henry Kissinger acerca
de la Argentina como “una daga que apunta hacia la Antártida”.
2. Se refiere al reciente anuncio que realizó el presidente argentino, Javier Milei, junto a la
generala del Comando Sur de EE. UU., Laura Richardson, de emplazar una base naval
conjunta con ese país en la ciudad de Ushuaia, el 4 de abril de 2024.
3. Se refiere a plataformas de exploración y extracción de hidrocarburos costa afuera.
4. Se refiere a la pista de aterrizaje que construyó el magnate británico “Joe” Lewis en Río
Negro, a 30 kilómetros de Sierra Grande.
5. Salida británica de la Unión Europea, votada en un referéndum en 2016 e instrumentada
en 2020.
6. Se refiere al agrupamiento de Brasil, Rusia, India, China, al que luego se sumaría
Sudáfrica (BRICS), y que en 2024 se amplió, integrando a Arabia Saudita, Emiratos Árabes
Unidos, Irán, Egipto y Etiopía, pasando a constituirse como BRICS+. La Argentina fue uno de
los países invitados, en 2023, a integrar este foro, pero el actual Gobierno dio marcha atrás
con esa incorporación.
7. Para profundizar sobre estos conceptos sugerimos consultar, entre otros materiales, Fortin
et al. (2021).
8. En 2022 se conmemoraron los 40 años de la Guerra del Atlántico Sur.
184
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