Sentencia de Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo , 29 de Noviembre de 2011, expediente 26.790/2009

Fecha de Resolución29 de Noviembre de 2011

Poder Judicial de la Nación SENT.DEF.Nº 19227 EXPTE.Nº 26.790/2009 (28.240)

JUZGADO Nº 44 SALA X

AUTOS: “ANRIQUEZ FRANCISCO ELIBERTO C/ YACHT CLUB

ARGENTINO ASOCIACION CIVIL Y OTRO S/ DESPIDO”.

Buenos Aires, 29/11/2011

El Dr. E.R.B. dijo:

Luego de evaluar las probanzas arrimadas a la causa, el Sr. Juez “a-quo”

tuvo por acreditado que entre el actor y el codemandado M. existió un contrato de trabajo que se inició el 1/8/89, y que resultó legítima la decisión del accionante de considerarse despedido el 30/7/09 ante la negativa de la relación, por lo que acogió los reclamos indemnizatorios derivados de ello, incluidos los sustentados en la ley 24.013.

A su vez, desestimó la reclamación incoada contra la codemandada Yatch Club Argentino, sustentada en el art. 30 L.C.T. (to), porque el actor no probó las circunstancias fácticas que denunció en el escrito de inicio, y por el contrario, resulta que la actividad de aquélla no configura la hipótesis de prestación por un tercero de una actividad normal y específica propia del establecimiento.

Contra tal decisión recurren, el codemandado M. a tenor del memorial de fs. 367/375 y la parte actora en los términos de la presentación de fs.

376/379; ambos debidamente replicados.

Razones de orden expositivo me llevan a considerar, en primer lugar, la queja del codemandado M., quien cuestiona diversos aspectos del pronunciamiento de grado; y en lo referido al primero de sus agravios; esto es: que se hubiera determinado que existió relación de dependencia con A., señalo que los testimonios de R.V. (fs. 314/5), P. (fs. 272/273) y O. (fs. 284/285)

lucen coincidentes respecto de las condiciones de tiempo y lugar con lo relatado en el escrito de demanda.

En efecto, V., quien resulta ser testigo presencial de los hechos en cuestión, refiere haber conocido al actor en el club demandado, que trabajó en dicha institución entre el año 1990 hasta el año 2007, que durante un tiempo trabajó para M. en trabajos de pintura, barniz, calafateo, fondo, cubierta, conjuntamente con el accionante, siendo M. quien les impartía las órdenes –a A. también- y que esto lo sabe porque trabajaban junto. Que también era M. quien les pagaba el sueldo estando juntos, en el galpón, todos los sábados, cobrando $ 600 cada sábado sin recibo. Sus dichos coinciden con las declaraciones de P. quien relató haber conocido al actor en el club de referencia, que A. trabaja para el Sr. E. –en referencia a M. y, en sentido similar, O. dijo haber trabajado en el mismo club, donde vio al actor cumpliendo tareas como pintor para el Sr. M. y que esto lo sabe porque lo vio al demandado dándole órdenes al actor.

Las impugnaciones efectuadas por la accionada al respecto no logran desvirtuar estos testimonios que acreditan el vínculo laboral habido entre el accionante y M. (arts. 386 CPCCN y 90 LO).

De otra parte, y aunque innecesario conforme vengo exponiendo,

también juega a favor del reclamante la presunción emergente del art. 23 L.C.T. (to),

derivada del hecho de la prestación de servicios, y la cual no advierto que esté

desvirtuada, pues en la mejor de las posiciones para el recurrente, nada avala que el galpón que éste locaba al Yacht Club se lo hubiera prestado al accionante, y menos aún que éste percibiera importe alguno por los trabajos de pintura que allí realizó.

Sólo restaría agregar, en este punto, que no soslayo el informe brindado por la A.F.I.P. a fs. 258/61, dando cuenta de la contratación de A. a órdenes de distintos empleadores en el período julio 1994 a junio 1.998, pero además de que no es la exclusividad una nota excluyente de una relación laboral, si se advierte la rotación e importes consignados como remuneración, también es dable apreciar que no se trata de trabajos que puedan ser calificados de permanentes, ni de tiempo completo, como para arribar a una solución diferente.

Cabe pues, confirmar este aspecto del pronunciamiento recurrido, pues quedó acreditado que entre el accionante y el apelante se verificó una relación de las contempladas por el art. 22 L.C.T. (to), dado que existió prestación personal de servicios, inserto el reclamante en una estructura empresarial ajena, sujeto a la directivas que le impartía aquél y a cambio de sumas de dinero, lo que permite calificarlo como trabajador de los definidos por el art. 25 L.C.T. (to), contratado por un empleador de los señalados por el art. 26 de dicho cuerpo legal.

En la medida que se acreditó la existencia de una relación laboral, no advierto el inconveniente al que alude el apelante para hacer jugar la presunción emergente del art. 57 L.C.T. (to), pues aunque efectivamente la primera pieza postal que le cursó el actor a M., la dirigió a un domicilio incorrecto (ver fs. 12 vta. y fs. 234

e informe de fs. 235), la reiteración de ésta, fue debidamente dirigida a La Rábida 1.321, y devuelta por el Correo por “cerrado con aviso” (ver fs. 242/3); o sea, por exclusiva responsabilidad del destinatario.

En otras palabras, es criterio jurisprudencial pacífico que quien elige un medio de comunicación carga con las consecuencias legales que tal opción importa,

pero ello es a condición que la efectividad del medio empleado no se vea frustrada por la actividad del destinatario, como en este caso, en que no concurrió a retirarla pese al aviso que le dejó el correo.

Por el contrario, le asiste razón al apelante en lo relativo al modo de extinción del contrato de trabajo que lo unió con el actor, porque tal como expuso en el Poder Judicial de la Nación responde, y reitera ahora,...

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