Amigo cómplice del éxito, enemigo de la frustración

 
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Noche del 27 de marzo, Quito, Ecuador. San Lorenzo juega con altura: le gana por 1 a 0 a Independiente del Valle, una inocente formación ecuatoriana, y conserva la fe: hay que sudar la gota gorda para pasar la primera rueda del Grupo 2. De pronto, Emmanuel Más comente un penal insólito, segundos antes del final. Como lo cobra Carlos Amarilla, el polémico juez, se le cae la estantería de la cordura al elenco azulgrana. Junior Sornoza marca el 1-1, que deja al borde del precipicio al Ciclón y la furia deja de ser contenida: se brota en cada elemento. Los más desatados, Romagnoli y Fontanini, luego son suspendidos por la Conmebol.Noche del 28 de marzo, Buenos Aires, Argentina. A través de Twitter, Marcelo Tinelli se corre un paso al costado. Vicepresidente primero de la entidad, empresario y productor, advierte que el inminente nacimiento de Lorenzo y la vuelta a la TV le demandan una cantidad de tiempo y energía incompatibles con la labor azulgrana diaria, en la que el regreso a Boedo, el manejo del marketing y el ojo a las divisiones menores son sus referencias. "Seguiré colaborando desde afuera y cuando el tiempo lo permita, con la excelente gestión de mi amigo Matías Lammens y toda su gente." Insiste al instante: "Hoy no tengo tiempo para poder seguir trabajando en el club de la manera que me gusta. Seguramente cuando vuelva lo haré con las mismas ganas y la misma motivación. No es solamente un adiós. Es solamente hasta luego. Y que gane San Lorenzo".Al final, el viejo Ciclón, comandado por Edgardo Bauza, le hizo caso: ganó. Cumplió el deseo más ferviente: ganó la Libertadores. Sin embargo, en ese tiempo, apenas un puñado de meses atrás, los fantasmas de su figura desnuda y vacía cuando el temblor se cotiza; y su sonrisa blanca y campechana cuando la tierra es fértil y regala frutos, anduvo por unas semanas dando vueltas otra vez. Volvió rápidamente. O, en realidad: nunca se fue, con la marcha ascendente de San Lorenzo en un viaje a la felicidad traumático al principio, bello al final.Amigo cómplice del éxito, enemigo enfadado de la frustración, querible en los elogios y déspota en las críticas, el amor de Marcelo Tinelli por San Lorenzo, el mismo que se entretiene y demuestra su carisma en su programa de televisión rodeado del elenco azulgrana, nació en Bolívar, con un gaucho de Boedo de fondo. Periodista de radio primero, creció con el afecto inalterable por el fútbol, aunque con el tiempo el negocio del voleibol atrapó su atención. El rápido ocaso de...

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