Almeyda, más que técnico, buen tipo

 
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Cuánto darían Falcioni y Caruso Lombardi por que sus jugadores fueran a darles un emotivo abrazo de respaldo y solidaridad como el que Ponzio, seguido de sus compañeros, le dedicó efusivamente a un Almeyda que corría el riesgo de quedarse en soledad, arrinconado en su angustia.Después de la derrota ante Racing, una más en una serie de rendimientos largamente insatisfactorios de River, Almeyda parecía hundirse solo, pero los futbolistas referentes, en palabras y hechos, dejaron en claro que estaban todos en el mismo barco. Asumieron un compromiso colectivo en un momento en el que la primera víctima de la crisis iba a ser el entrenador.No es un dato menor que Almeyda tenga a los jugadores de su lado. Y a más de un observador hasta podría llamarle la atención. El Pelado, en sus inconstancias anímicas, fue tomando decisiones que normalmente deterioran la relación y resienten la confianza con los dirigidos. La manera en que manejó las salidas de Cavenaghi y Domínguez, más allá de las razones futbolísticas, está en las antípodas del manual de un gestor de grupos. Rozó la desconsideración hacia dos piezas importantes en la campaña del ascenso.Salvo con Maidana, Ponzio y Trezeguet, Almeyda siempre fue muy sinuoso en la continuidad que le dio al resto. Dio lugar a la incertidumbre que tanto molesta a los jugadores. Puso y sacó...

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