El allure de la capital de la moda

 
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PARÍS.- Después de Nueva York, Londres y Milán, París cerró su semana de la moda, con 92 desfiles, propuestas oriundas de 25 nacionalidades y 5000 profesionales, marcada esta vez por el debate sobre los posibles cambios en el calendario tradicional de la fashion week. Son varias las voces que se alzan para proponer el reemplazo de sus cuatro desfiles de prêt-à-porter anuales por sólo dos, para unir las presentaciones de sus colecciones femenina y masculina, y tener disponibilidad de compra inmediatamente después del desfile. Actualmente, las colecciones llegan a las boutiques casi cinco meses después de los shows y luego de haber sido reveladas a través de la prensa y ahora las redes sociales, un tiempo anacrónico para muchos, como Paco Rabanne o Courrèges que ya pusieron en venta algunos de los looks vistos en las pasarelas de estos últimos días.

El show más aplaudido fue sin duda el de Dior, en el patio del Louvre. Si bien por la falta de un diseñador oficial, luego de la partida de Raf Simons, eran varios los que auguraban una colección confusa, el dúo de estilistas integrado por Lucie Meier y Serge Ruffieux encantó a todos. Con bocas pintadas en un negro profundo, la identidad de la casa no fue amenazada: siluetas de línea A, con faldas y vestidos que afinan asimetrías. El foco estuvo puesto en los hombros y en el escote que drapean, esconden o destapan de múltiples maneras. Es el allure de una parisiense sensual y rebelde a la que le gusta seducir. La histórica chaqueta Bar fue reinventada, los looks totalmente negros se multiplican con diseños en crepé, cashmere y satén bien acompañados con botines sin taco en forma de serpiente, aros largos y anillos en todos los dedos. En primera fila, Kris Jenner (que vio desfilar a su hija Kendall, nuevamente morocha) y Jessica Alba.

La marca del momento en París es Vetements, un colectivo de siete estilistas cuyo líder, Demna Gvasalia, fue nombrado director artístico de Balenciaga. Inspirados por la estética de Martin Margiela, y rodeados por la decoración neogótica de la catedral americana de París, presentaron un desfile femenino-masculino con volúmenes XXL, mensajes provocadores sobre las remeras, buzos con capuchas con reminiscencias religiosas, parcas que remitieron al mundo automovilístico con logos conocidos pero transformados, uniformes de escuela convertidos en vestidos y tailleurs de terciopelo.

En Rick Owens, visto en el Palais de Tokyo, el protagonista fue el volumen...

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