La aldea vecinal

Autor:Roberto Dromi
Páginas:185-215
RESUMEN

1. Realidad vecinal. 2. Participación municipal. 3. ¿Provincia sin Municipio?. 4. Geografía municipal. 5. La aldea vecinal. a. El hombre y su terruño. b. La Ciudad: espacio y diálogo. c. La aldea y la vida privada. El "espacio" de la intimidad. d. La aldea y la vida pública. El "lugar" del diálogo. e. Hacia un nuevo modo de habitar. f. La aldea local, ámbito de seguridad, resguardo y certidumbre.

 
ÍNDICE
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1. Realidad vecinal

En la realidad vecinal se puede destacar una serie de aspectos que la caracterizan y la identifican. Existe relación, con esto queremos decir que hay una necesidad de encuentro. también se busca la integración con el vecino, con el que está próximo a uno en el espacio y en el tiempo; se busca, entonces, una relación cotidiana. En este encuentro con los vecinos, surge el sentimiento del nosotros y con ello relaciones sociales que implican solidaridad, ayuda, cooperación, redes sociales, seguridad, pertenencia, identidad1. detengámonos unos segundos a pensar sobre esto. ¿Se presenta realmente así esta realidad vecinal?

La vecindad y la interrelación societaria de las ciudades, barrios y distritos, urbanos o rurales, requieren hoy de una organización promovida por los ciudadanos, encargada de administrar los intereses locales de la comunidad. por tradición 'y legislación' esa comunidad local se conoce con el nombre de Municipio, célula política esencial de la estructura orgánica de la administración general del Estado, a la que se le encomienda la administración y ejecución de obras y servicios públicos de interés local. pero, efectivamente debieran ser los ciudadanos los hacedores y el Municipio sólo el gerente.

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La realidad nos muestra que la "aldea local" no es lo que debiera ser, que la "realidad municipal" no es lo que debiera hacer, que el "fenómeno vecinal" tampoco es lo que necesitamos que sea. de ahí que, ni la "realidad municipal", ni la "comunidad local", ni el "fenómeno vecinal" se presentan como una totalidad acabada y definitiva; no son modelos y moldes únicos, sino procesos sociales reales, a veces muy desnaturalizados y fragmentados, circunstanciados y condicionados por cantidad y calidad, extensión y ubicación, actividades y tradición, por lo lejano y lo próximo, por lo local poco definido y lo global avasallante. y creemos que podemos "ordenar" esta realidad aproximándola a categorías, sólo haciendo eso: tipologías; por ejemplo, municipios rurales y urbanos, de agro y de ciudad, y a su vez ellos en categorías de acuerdo al número de habitantes. y nuestra imaginación podría recitar muchos nombres más "ciudades ensambladas", "municipios ensamblados", etc.

Y así nos encontramos con que el fenómeno descentralizador se da con matices muy diversos; así tenemos municipios que apenas son un barrio y otros que son más 'y mucho más a veces' que una provincia, lo que equivale a decir, en términos de poder político, que la autarquía local vale más que la autonomía provincial, en tanto hay municipios de más de dos millones de habitantes y provincias que no llegan a doscientos mil habitantes.

De todos modos, este enfoque pluralista y heterogéneo de la realidad municipal es testimonio acabado de la vigencia y presencia de esa realidad en el cuadro de la organización política moderna. ¿La solución sólo sería arbitrar, quizás, un reajuste de las herramientas e instrumentos jurídicos que la dimensionan?

De lo que se trata es de pensar, no sólo desde una perspectiva jurídico-administrativa, en una adecuada organización funcional (¿fundacional?) de las ciudades, proporcionada a su circunstancia socio-económica, previendo en los municipios mayores las estructuras administrativas intermedias necesarias, las desmembraciones internas de los grandes municipios, conformando escalones administrativos desde las unidades vecinales, barrios, a los distritos, sim-Page 187plificando la administración local y el aparato burocrático y estático del Municipio rural o urbano pequeño, en el que la sobredimensión organizativa resulta onerosa, no sólo por el costo fiscal sino también por la impropiedad funcional de grandes despliegues administrativos, que afectan principalmente al vecino y conspiran con la acción gerencial del Municipio. En realidad se trata de pensar y ejecutar las necesidades sociales. y concordamos plenamente, en este mundo hipermoderno, que el Municipio haya sido siempre de una determinada manera es menos significativo que la decisión actual acerca de cómo queremos que sea. y aquí entra de lleno el accionar de la sociedad2.

Sabemos que el Municipio está entrañablemente ligado a un fenómeno moderno, generado por el crecimiento industrial: el crecimiento de las ciudades y por ende el fenómeno del urbanismo. El paso de la civilización agraria a la civilización industrial provocó la conformación de grandes centros poblados, unidades urbanas mayores, concentraciones demográficas 'metrópolis, megalópolis, etc.' que se han convertido en un verdadero desafío al hombre de estos tiempos, por cuanto con ellas han proliferado los problemas de ambiente, salud, higiene, vivienda, seguridad, etc., que han trastocado, desordenado y desnaturalizado los modos de vida clásicos y las estructuras habituales de existencia en "vecindad".

Hay una vida hostil en las ciudades que plantea la necesidad de reconstruir, en todas las escalas 'humanas, sociales, económicas, políticas, éticas, etc.', el tejido social, si no queremos que el aislamiento y la soledad, por una parte y la inadaptación e inutilidadPage 188 organizativa del Municipio, de la Ciudad, por la otra destruyan al hombre.

Antes de que sea demasiado tarde, hay que salvar a la persona del acecho de una industrialización-mecanización que lo priva de iniciativa e imaginación y lo aglutina en condiciones de vida no siempre recomendables para los que pensamos que el bien común, la solidaridad y la justicia social son valores realizables aquí y ahora.

Es así que reconocemos la necesidad de redimensionar, revitalizar y readaptar el Municipio, como unidad política y a la Ciudad, como unidad social.

En ese orden, desde un enfoque político-organizativo, admitimos el origen natural del Municipio, basado en las necesarias relaciones de vecindad que lo constituyen en la institución política primaria de la democracia representativa, por imperativo del ordenamiento constitucional3.

Desde un enfoque histórico, como hemos ya visto, los cabildos fueron la primera institución encargada de la administración y ejecución de obras comunitarias, de la prestación de servicios, de la organización de la policía local, del fomento del progreso y, en general, de la conducción de los intereses comunes. En el Cabildo se encuentra la raíz histórica democrática del gobierno local desde la época de la colonización española en América. Esa institución por distintas razones, entre ellas la rivalidad con otros organismos coloniales, fue perdiendo funciones, desnaturalizándose hasta su extinción. Sus tareas fueron asumidas por otras instituciones, principalmente el Municipio, que se convirtió en el continuador de las actividades de interés local como presupuesto vital del sistema federal y de la democracia. desde un enfoque sociológico, ratificamos el rol y la participación del Municipio en el proceso de desarrollo económico-social, destacando el papel relevante del gobierno local en la integración regional y nacional. A tal efecto, debe fomentarse la autoorganización vecinalPage 189 a través de consorcios y/o cooperativas públicas con participación municipal y de los particulares mediante las figuras de consorcistas, licenciatarios y permisionarios, para la prestación de servicios o ejecución de obras públicas, y propender, además, al afianzamiento de las relaciones intermunicipales y apoyo técnico provincial a los gobiernos locales. La cooperación intermunicipal mediante mancomunidades y consejos intermunicipales e intramunicipal es un requerimiento exigido para el éxito del Municipio gerente.

Desde un enfoque administrativo, creemos necesaria la transferencia del ejercicio de aquellas funciones que no hagan a la existencia municipal. no obstante, será menester la participación y el control del Municipio para evitar una equívoca interpretación del principio de subsidiariedad y de otras modalidades de cogestión para la ejecución de obras y servicios locales. Más aún porque esas funciones transferidas están reguladas por normas de derecho público pues lo que está comprometido en la gestión municipal es nada más ni nada menos que el interés común.

La realidad municipal también debe manifestarse y vincularse con otros aspectos funcionales que sirven para "el rescate del Municipio", por vía del reintegro de las funciones administrativas propias de su competencia, en especial la prestación de servicios públicos y la prioritaria función preventiva, formativa y educativa de la policía. Funciones de las que se ha visto despojado por corrientes centralizadoras y concentradoras de poder, debido a los procesos de provincialización y nacionalización y que hoy le son restituidas por la municipalización.

Razones de inmediatez, seguridad y eficacia justifican la existencia de poderes y servicios locales y, de suyo, de una organización administrativa y política que llamamos "Municipio", que es el modo de hacer efectiva la participación de los administrados en los asuntos de interés propio. por último, señalamos, y con esto no pretendemos dar por concluido los aspectos de la realidad vecinal y municipal, la necesidad de poner en funcionamiento las virtudes públicas, porque podráPage 190 haber más descentralización, más autonomía, más competencias municipales, pero si no hay virtudes públicas, los resultados serían similares a esta realidad planteada.

2. Participacin municipal

El Municipio, como lo venimos diciendo, es el ámbito esencial para el ejercicio de la democracia. de allí que le corresponda asegurar una continua, eficaz e integral participación del...

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