Alberto Manguel: 'La curiosidad es el impulso que alienta nuestra vida'

 
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BARCELONA.- Quien fue de joven el lector de Borges es hoy un infatigable explorador del lenguaje oral y escrito, cuya obra ha merecido todo tipo de premios y distinciones. Pero, más allá de eso, ¿cómo definir a Alberto Manguel? ¿Un sabio y políglota lector que escribe y, a cada línea, deslumbra? ¿Un envidiable conversador que practica el difícil arte de escuchar al otro? Y surgen más preguntas: ¿qué resulta más placentero, leerlo o escucharlo? ¿En qué lengua? ¿Por dónde comenzar? Al propio Manguel le interesa mucho más formular estos cuestionamientos que encontrarles respuestas. Mejor no seguir. De hecho, de eso trata su última obra, Una historia natural de la curiosidad, publicada en España por Alianza, con traducción del inglés de Eduardo Hojman.

Todo libro es consecuencia de otro, pero éste en concreto fue casi un intento de separarme de los anteriores, para no hablar constantemente de lectura y bibliotecas. Cuando escribí Una historia de la lectura (Siglo XXI), no había historias de la lectura, ahora las escriben incluso hasta los que no leen. Aquí quise ocuparme de las preguntas que nos hacemos desde siempre y ver cómo la literatura las pone en palabras. Y más que indagar como antes la actividad que me definía, Una historia natural de la curiosidad representa la causa de esa actividad. Leo porque soy curioso, para buscar las palabras que necesito para buscar las preguntas. Pero sí hay una continuidad en la idea de que en literatura la ficción no nos aleja de la realidad; no te distrae, sino que te compromete con ella.

Comencé tarde a leer la Divina Comedia, desde hace diez años leo un canto cada mañana y siempre me sorprende. Descubrí una obra fundamental, milagrosa en el sentido de un hecho que no podés explicarte. Cuando me puse a escribir este libro, Dante era la compañía obvia para el viaje. Me sirve para hacerme esas preguntas y llevarme a la realidad. Hay libros que podés seguir releyendo toda tu vida y adquirís con ellos una familiaridad que se aproxima al conocimiento. Con la Divina Comedia no, seguís avanzando en un país desconocido. Cuando releo un pasaje que creía saberme de memoria, descubro un detalle que no había visto antes y me sorprende hasta qué punto es nuevo. Si hay muchas obras que tienen la profundidad del mar, la Comedia es el océano. Hay otros libros, en cambio, que no permiten una segunda lectura porque no tienen profundidad. Uno de Paulo Coelho, por ejemplo, no te permite avanzar más allá del límite visible...

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